No está demostrada la pérdida de olfato como síntoma de COVID-19

No está demostrada la pérdida de olfato como síntoma de COVID-19

La disminución o pérdida total del olfato, de forma temporal, se ha considerado un posible síntoma de la infección con el virus Sars-cov-2, empero ningún estudio controlado ha demostrado que la correlación hallada entre algunos casos de pacientes de Covid-19 y esas afecciones pueda considerarse como un elemento clave para desarrollar una medida de mitigación del contagio.

Medios periodísticos han tomado como evidencia concreta algunos estudios y sondeos realizados entre personas asintomáticas y sintomáticas que resultaron positivas a prueba de laboratorio con Covid-19 y que afirmaron haber dejado de percibir olores o sabores, o ambas cosas, temporalmente.

Más allá de la información mediática, el Ejército de Estados Unidos ha comenzado a aplicar en su guarnición ubicada en Daegu, Corea del Sur, lo que han denominado “la prueba del vinagre”, que consiste en poner ante quienes viven en la instalación militar o la visiten, al salir y entrar, un algodón con ese líquido para probar su capacidad olfativa.

El objetivo de la medida sería “detectar” a personas infectadas, que fueran asintomáticas o todavía no hayan desarrollado algún síntoma, para poder aislarlas y contribuir así en la mitigación del contagio de la enfermedad provocada por el Sars-cov-2 en esa zona.

No obstante, hasta la redacción de este artículo, la evidencia concreta sobre la anosmia e hiposmia– la falta y disminución del sentido del olfato, respectivamente- como síntomas de la enfermedad está lejos de existir, al menos dentro un estudio controlado y publicado después de un protocolo de revisión, como se exige para validar un posible avance o descubrimiento en el área del conocimiento científico.

Lo único existente hasta ahora es evidencia de una correlación entre personas enfermas de Covid-19 y esa manifestación de pérdida olfativa o gustativa, así como estudios previos en casos de infecciones causadas por patógenos de la familia de los coronavirus, a la cual pertenece el Sars-cov-2, así como de este último.

En materia de investigaciones controladas uno de los primeros estudios se remonta a 2008 (1), que revisa el impacto del virus causante del SARS que causó la muerte de 770 personas en 2003, encabezado por el inmunólogo Stanley Perlman.

En el estudio, Perlman identificó en ratones de laboratorio infectados con virus Sars-cov (SARS) que la muerte de los ejemplares se debía a la disfunción o daño de neuronas, es decir que la afección provocada por el patógeno también se extendía a nivel cerebral.

Posteriormente, en un artículo revisado por pares y publicado el 27 de febrero pasado (2), el investigador de la Universidad de Jilin, en China, Yan-Chao Li, argumenta –a partir de su investigación- que si el sars-cov2 infecta células nerviosas, principalmente algunas del área cerebral que sirve como control central de las funciones cardiacas y respiratorias, el daño producido puede contribuir al síndrome de fallo respiratorio agudo en pacientes con Covid-19 y a su vez afectar las funciones olfativas.

Una tercera investigación (3) encabezada por Abdul Mannan Baig, de la Universidad Aga Khan, de Pakistán, y publicada el 13 de marzo pasado por la Sociedad Americana de Química, en el área de Neurociencia Química, explora el efecto dañino del virus Sars-cov2 en el tejido neuronal y cómo está relacionado con la génesis de la enfermedad y la morbilidad o mortalidad de las personas enfermas con Covid-19

Si bien las tres investigaciones guían en un mismo punto que refiere el daño provocado por Sars-cov y Sars-cov-2 en el sistema nervioso, específicamente tejido neuronal relacionado con las funciones respiratorias, ninguno es concluyente en el tema de la anosmia. Además, en los últimos dos, sus autores aclaran que hacen falta más estudios.

Por otra parte, existen trabajos académicos preliminares como el realizado por investigadores de China que analizaron manifestaciones neurológicas en 214  pacientes hospitalizados por Covid-19 (4),  de los cuales 36 por ciento tenían síntomas neurológicos. El estudio básicamente se sustenta en una correlación entre la presencia de un cuadro de síntomas y la enfermedad, y no ha sido validado en una revisión por pares.

Dentro de ese porcentaje, apenas un cinco por ciento mostró hiposmia y 5.6 por ciento hipogeusia, es decir la disminución de la capacidad gustativa.

En tanto, en Inglaterra, la Sociedad Británica de Rinología publicó a través de su presidenta, Claire Hopkins, que se han detectado casos en diversos países afectados por Covid-19 de pérdida total o disminución del olfato y del gusto en pacientes con la enfermedad, incluidos asintomáticos.

Con base en los datos existentes en esos países, afirma la también profesora de Rinología en el Kings College de Londres, si se consideran esas afecciones como parte del cuadro de síntomas se podría aislar a las personas que los presentan aun cuando estén libres de cualquier otro de los indicadores que hasta ahora son referidos y, por ende, aplicar una estrategia más de prevención y mitigación.

Por otra parte, Hopkins convenció a los desarrolladores de una aplicación creada en el Kings College y denominada Covid-19 Sympton Tracker para que incluyeran los síntomas de anosmia e hiposmia en el listado de padecimientos provocados por la posible infección con Sars-cov-2.

A partir de los resultados obtenidos solamente con base en preguntas a los usuarios de la app, la especialista encontró que ambos indicadores de carácter olfativo se encontraban en 60 por ciento de los usuarios que utilizaron la app y que eso es información suficiente para considerar tomarlos en cuenta como un elemento más para las estrategias de mitigación.

Tanto en el proceso llevado a cabo por los investigadores de China, como en el caso de la presidenta de la Sociedad Británica de Rinología, hace falta un protocolo de investigación que lleve a un procedimiento controlado y que considere otras variables que puedan dar sustento a la correlación obtenida entre anosmia e hiposmia en personas infectadas.

 

  1. https://jvi.asm.org/content/82/15/7264
  2. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/32104915
  3. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/32167747
  4. https://www.medrxiv.org/content/10.1101/2020.02.22.20026500v1

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Luis Roberto Castrillon

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