Este artículo deriva de la conversación que sostuvimos con en el episodio 5 «¿La IA educa en las aulas?», de la segunda temporada del Podcast “Del dicho al Hecho”
Por Daniela Mendoza
La educación se encuentra en un punto de inflexión histórico. La imagen tradicional del docente como el «faro de conocimiento» o el pilar absoluto de sabiduría está siendo desafiada por una tecnología que no solo procesa datos, sino que personaliza planes de estudio, corrige exámenes y predice el rezago escolar.
Ante este panorama, el podcast Del Dicho al Hecho de Verificado MX reunió a los expertos Mariana Alvarado y Bruno Hernández Levi para desglosar una realidad ineludible: la Inteligencia Artificial (IA) no es un reemplazo, sino un catalizador que obliga las y los maestros a regresar a lo más esencialmente humano.
La labor del docente: De los datos a las experiencias
Históricamente, el docente era el dueño de la información. Sin embargo, en un mundo saturado de datos, su función ha migrado hacia el diseño de procesos formativos.
Bruno Hernández Levi sostiene que este cambio no es repentino, sino una evolución de décadas de adaptación tecnológica. Para Hernández, el reto actual no es competir con la rapidez de la IA, sino saber orquestar el aprendizaje.
«La primera tarea del docente es entender qué es eso, cómo funciona, de qué se trata, cuáles son sus posibilidades, pero también cuáles son todos los límites que en este momento tiene».
Este nuevo rol implica que el profesor ya no entrega soluciones masticadas, sino que diseña la «mejor experiencia» para que sus estudiantes aprendan y luego acompañe ese proceso.
La IA se convierte en una «co-creadora» que permite la personalización masiva, pero es el criterio humano el que decide cómo integrar estas herramientas de manera ética para potenciar el talento en lugar de limitarlo.
Vacunarse contra la “alucinación”
Uno de los puntos más críticos abordados por los invitados es la vulnerabilidad de la tecnología ante sus propios errores.
Mariana Alvarado enfatiza que la llegada de la IA generativa hace más necesaria que nunca la rigurosidad. La IA no es una fuente de verdad absoluta; padece de «alucinaciones» (datos falsos presentados como ciertos) y sesgos derivados de sus algoritmos.
Alvarado es contundente al afirmar que la tecnología es inútil si el usuario carece de habilidades básicas de comunicación y discernimiento:
«Realmente el pensamiento crítico no se sustituye con la IA… si no sabemos bien algo básico que es leer y escribir, pedir, comunicarnos, de nada sirven estas herramientas por muy potentes que sean».
El docente se convierte entonces en un filtro de calidad. Su labor es enseñar al estudiante a cuestionar la fiabilidad de lo que la máquina entrega.
La honestidad académica, que antes se vigilaba en sitios como el «Rincón del Vago», hoy requiere que el profesor entienda los patrones de redacción de la IA para guiar al alumnado hacia un uso responsable y no hacia la solución fácil.
El valor de la conexión humana
A pesar de la sofisticación de los chatbots, la educación sigue siendo un acto de interacción humana profunda. Mariana Alvarado introduce el concepto del «deber ser«, una obligación ética que recae sobre el profesional y que ninguna máquina posee.
Educar no es solo transferir conceptos; es entender el impacto de lo que se comunica y se produce.
«El rol [del docente] no cambia al 100%… sino al contrario, nos convertimos en guías porque estamos en procesos colectivos de aprendizaje… el compromiso que lleva el educar o formar a otras personas».
Bruno Hernández coincide en que la evaluación debe dejar de centrarse en el producto final (el ensayo o la nota) para enfocarse en el proceso.
La IA puede generar un texto, pero no puede replicar el «amor y compromiso» que un docente imprime en la formación integral de un ser humano. La empatía, el liderazgo y la capacidad de inspirar a otros son facultades cualitativas que aseguran que la educación no se deshumanice, sino que use la tecnología para fortalecer los lazos sociales.
Apuntes para coexistir con la IA en el aula
Para navegar esta transición, los expertos y el análisis del podcast sugieren:
Explorar antes de pagar: No es necesario invertir en herramientas costosas desde el inicio. Bruno Hernández recomienda usar las versiones gratuitas de diversos modelos (Gemini, ChatGPT, Claude) y correr el mismo «prompt» en todos para comparar resultados y entender cuál resuelve mejor cada tarea específica
Abrazar la IA como asistente personal: Mariana Alvarado sugiere delegar en la IA las tareas repetitivas o tediosas, como redactar borradores de correos, organizar agendas o procesar grandes volúmenes de información para encontrar datos específicos en archivos personales.
Priorizar el uso de «entornos acotados»: Herramientas como Notebook LM son ideales para la educación, ya que permiten que el docente o el alumno suban sus propios materiales (libros, videos, apuntes) y la IA solo responda basándose en esa fuente, evitando así las alucinaciones de la red abierta.
Transparencia y Verificación: Es un deber ético revisar todo contenido generado por IA antes de publicarlo o entregarllo. Tanto docentes como alumnos deben ser transparentes sobre cuándo y cómo utilizaron la tecnología, manteniendo siempre la responsabilidad cívica sobre el resultado final.


