Por Andrea Cruz Urista
El gobierno de Estados Unidos dio a conocer la nueva pirámide alimenticia que prioriza el consumo de proteínas sobre los carbohidratos, además de aconsejar una mayor ingesta de “alimentos reales” y la reducción de productos altamente procesados y azúcares añadidos.
Durante un evento en la Casa Blanca el 7 de enero del 2026, el secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., y la secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, presentaron las recomendaciones alimentarias, la cual sustituyen al diagrama introducido en 2011 durante la administración del expresidente Barack Obama.
Esta actualización fomenta el consumo de leche entera, queso y carne, así como de vegetales y frutas. Asimismo, propone ingerir tres porciones de lácteos al día, incluyendo variedades enteras en lugar de bajas en grasa, junto con una disminución del azúcar en la dieta.
Por primera vez desaconsejan consumo de alimentos altamente procesados
Las nuevas directrices piden reducir la ingesta de carbohidratos refinados y evitar productos como papas fritas, galletas o dulces con sodio añadido, así como aquellos que contienen conservadores, colorantes y saborizantes artificiales. Otros países, como Canadá, instan desde 2022 a limitar esta categoría de comestibles, pues afirman que no forman parte de una alimentación saludable.
En noviembre de 2025 la revista médica británica The Lancet publicó una serie de tres artículos, donde se destacó la asociación de los productos ultraprocesados con enfermedades no transmisibles.
Por su parte, una revisión de 45 artículos científicos publicada en The BMJ encontró que la exposición a estos alimentos se asoció a un mayor riesgo de consecuencias adversas, especialmente en dolencias cardíacas, metabólicas como la diabetes, trastornos mentales comunes y mortalidad.
Ante esto, especialistas subrayan la necesidad de implementar medidas de salud pública para que la población disminuya dicha exposición y mejore su salud.
De acuerdo con los Centros para el Control de Enfermedades (CDC), la población estadounidense obtiene el 55% de sus calorías de este tipo de productos; una cifra que en menores de 1 a 18 años es aún más alarmante, alcanzando el 61.9% del total.
Aumentan recomendación de ingesta de proteínas
La nueva versión sube los lineamientos de consumo de proteínas. Ahora por cada kilogramo de peso corporal se recomienda comer entre 1.2 y 1.6 gramos de proteína. Esto es un incremento desde la anterior guía donde se sugería sólo 0.8 gramos por kilo particularmente procedentes de fuentes animales como carne de pollo y res, mariscos, huevos, así como sebo o manteca de res para cocinar.
Aunque es necesario consumir proteínas para mantenerse saludable, usualmente van acompañados de grasas saturadas que se relacionan con un aumento del colesterol dañino para la salud lo que puede incrementar el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Por lo que la guía también establece que las grasas saturadas deben estar limitadas al 10% del consumo diario de calorías. La Organización Mundial de la Salud estima que estos padecimientos fueron responsables del 32% de las muertes a nivel mundial en 2022 y que con el 38% de las muertes prematuras en 2021.
Retira lineamientos para el consumo de alcohol
Por primera vez desde 1980, se eliminaron las referencias que permitían una bebida alcohólica diaria para mujeres y dos para hombres, priorizando ahora la recomendación de disminuir su consumo al máximo.
Aunque instituciones como el World Cancer Research Fund y la Organización Mundial de la Salud coinciden en que no existe una dosis segura de alcohol, los mínimos anteriores eran usados como referente para especialistas e investigadores en ensayos clínicos sobre el alcoholismo.
De igual manera, el documento omite la mención de que un mayor consumo de alcohol se vincula científicamente con un riesgo elevado de mortalidad por todas las causas y afecciones hepáticas o cardiovasculares.
Impacto de la nueva pirámide alimenticia
Estos nuevos estándares no sólo pretenden orientar las decisiones individuales de salud, sino que ejercen un control institucional sobre la alimentación de los sectores más vulnerables y dependientes del Estado.
Las directrices definirán obligatoriamente lo que se sirve en 45 millones de almuerzos escolares, las raciones de 1.3 millones de militares activos, la dieta en hospitales de veteranos y los menús en prisiones federales.
Sin embargo, la implementación de este giro radical hacia el consumo de grasas animales y la reducción drástica de carbohidratos no ha estado exenta de críticas. Diversos sectores de la comunidad científica han planteado serias dudas sobre la independencia de los investigadores que participaron en la elaboración de la guía.
Se cuestiona si la selección de expertos estuvo influenciada por intereses de la industria cárnica y láctea, dado el marcado favoritismo hacia productos como el sebo y la carne roja en comparación con versiones anteriores.
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