- Los colapsos de inmuebles en Monterrey, particularmente en el Barrio Antiguo, evidencian la falta de un programa real de conservación, los riesgos de una intervención basada en el fachadismo y el uso de materiales incompatibles con los sistemas constructivos tradicionales.
Por Melina Barbosa
A lo largo de 2026 se promovió el programa “Barrio Antiguo-Barrio Bonito” como un éxito de “rehabilitación integral” de cara al Mundial de Futbol, del cual Monterrey, Nuevo León, fue una de las tres sedes en México.
Sin embargo, el pasado 2 de octubre, tras las lluvias del primer frente frío, colapsó la fachada y el terrado de una casona deshabitada sobre la calle Morelos, bloqueando la vía pública con escombros de adobe y sillar de caliche.
El deterioro del inmueble no era ajeno a los residentes del sector, quienes previamente enviaron alertas al municipio, al estado y al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) advirtiendo sobre las cuarteaduras.
Fachadismo e incompatibilidad técnica
En diciembre de 2025, el gobierno de Monterrey anunció el programa “Barrio Antiguo-Barrio Bonito” con un costo proyectado de 150 millones de pesos y para el segundo informe del alcalde Adrián de la Garza, se detalló un avance de 86 mdp invertidos en el sector, destacando la recuperación de más de 8 mil 600 fachadas en el municipio, de las cuales 400 corresponden al Barrio Antiguo.
Durante la entrega de obras, el edil afirmó que los trabajos buscaban dejar un “legado en favor de todos los regiomontanos”.
Pero el desplome en la calle Morelos evidenció el “fachadismo», una práctica que reduce la intervención a una solución superficial y que ignora la vulnerabilidad y el estado real de la estructura.
“La falla es haber tratado la conservación del Barrio Antiguo como un asunto de imagen para el Mundial. Una casona abandonada necesita diagnóstico, mantenimiento y atención a su estabilidad. No solo una fachada recién pintada”, señaló Coral Fernández, especialista en arquitectura bioclimática y proyectos de sostenibilidad.
El deterioro estructural además se ve agravado por el uso de recubrimientos inadecuados y en este sentido, la arquitecta Selene Velázquez, directora de Restaurika, explicó que los inmuebles fueron intervenidos con insumos incompatibles.
“En clase de preservación arquitectónica yo lo comento con mis alumnos. No hay materiales buenos ni materiales malos, sino materiales incompatibles. Cuando tienes un inmueble con sistemas constructivos tradicionales, necesita respirar y la pintura vinil-acrílica es como si utilizaras un papel contact —ese papel de plástico con el que se forraban las libretas— como si le pusieras eso a una fachada o como si lo pusieras encima de tu piel y es igual con los inmuebles”.
Velázquez aclaró que la alternativa técnica y compatible es la pintura a la cal, un compuesto mineral, poroso y de origen orgánico que favorece el intercambio natural de la humedad, permitiendo que el revestimiento respire, regule la temperatura del edificio, aporte propiedades bactericidas y proteja la estructura sin comprometer su química original.
El programa municipal, no obstante, omitió este principio básico de conservación, pues en lugar de aplicar un tratamiento adecuado, los inmuebles se cubrieron con pintura plástica para dejar una herida estructural que sigue pudriendo el patrimonio desde la raíz.
Tras el derrumbe en Morelos, Restaurika emitió una alerta en sus redes sociales subrayando que antes de las lluvias es indispensable realizar tareas básicas de mantenimiento, como revisar que las cubiertas y azoteas estén limpias, que los desagües no estén tapados y que el agua corra libremente.
La firma también detalló que la empresa Berel contaba con un proyecto para pintar las fachadas a la cal —iniciativa que incluyó acercamientos con el INAH y asesoría con la propia firma—, pero al final la negociación cambió y el municipio optó por contratar insumos de otra marca.
Restaurika reconoció que, aunque hay empresas conscientes de que no todos los materiales son compatibles, «ahora falta que lo comprendan quienes toman las decisiones en municipios».
Apostar por la capacitación ciudadana
Velázquez advierte sobre la vulnerabilidad en la que se encuentra la ciudadanía ante este tipo de programas, ilustrándolo con lo que vivió en su propia fachada —un espacio ya restaurado con cal y pigmentos naturales—, donde la brigada municipal llegó sin previo aviso e intentó intervenirla.
“Tocaban y te decían que iban por parte del municipio para pintar la casa, pero no hubo ningún tipo de diálogo. Yo les tuve que pedir y estar pendiente de que no la fueran a raspar, que no la fueran a pintar, porque la estaban pintando incluso con aerógrafo. Por eso la importancia de que haya mayor difusión, al menos para que las personas sepan que les puede generar más deterioros”.
Para contrarrestar esto, la arquitecta enfatiza que los fondos públicos debieron encauzarse a capacitar a la ciudadanía en el cuidado de los inmuebles:
“Realmente, lo que se creó solo fue este fachadismo, una gran escenografía para que se viera colorido, bonito para la selfie y para el turista. A mí me parece increíble la cantidad de dinero que se desglosa porque se pudieron haber elaborado talleres comunitarios para que la gente supiera cómo se elabora la pintura a la cal y ellos mismos hacerla”.
Por su parte, Coral Fernández comentó que se requiere “un comité vecinal informado, con formación en patrimonio y acompañamiento de especialistas que defienda el barrio frente a los derrumbes, la gentrificación y las intervenciones con materiales incompatibles”.
Un registro limitado frente a un riesgo constante
El catálogo del INAH suma 421 registros en Monterrey (30.15% del total estatal), desglosados en 244 inmuebles, 176 monumentos y un conjunto arquitectónico.
Selene Velázquez precisó que este padrón prioriza edificaciones del siglo XIX hacia atrás, lo que deja fuera la arquitectura vernácula del siglo XX.
El registro oficial arroja 22 inmuebles con fachada aplanada dentro del polígono del Barrio Antiguo, lo que refleja un padrón limitado que urge actualizar para mejorar la planeación preventiva, una de las claves para resguardar la memoria histórica y garantizar la seguridad y el flujo peatonal en Monterrey.
Aunque las cifras oficiales no desglosan cuántos colapsos de fachadas corresponden al Barrio Antiguo, la necesidad de una política preventiva queda al descubierto en las estadísticas de Protección Civil municipal alojadas en la PNT.
Tan solo entre enero y septiembre de 2026 se contabilizaron 15 casos de fachadas caídas con riesgo, mientras que en 2025 y 2024 se registraron 18 y 23 casos, respectivamente.
Lejos de ser hechos aislados provocados únicamente por contingencias meteorológicas, estos derrumbes responden a una problemática más profunda: “ni el agua, ni los sistemas constructivos tradicionales son el problema, el abandono y el desinterés sistemático sí que lo son”, concluye Restaurika.
Reportaje realizado para Reporte Índigo | Imagen de portada: Reporte Índigo

