- Ante el mito de que la ‘cultura de trabajo’ es inherente a los habitantes de Nuevo León, organizaciones e individuos buscan horarios más justos, especialmente, después del anuncio del establecimiento gradual de la jornada de 40 horas, realizado por la presidenta Claudia Sheinbaum.
Por Melina Barbosa
La cultura del trabajo y el legado empresarial son los principales motivos de orgullo de vivir en Nuevo León. Pero, detrás de los valores que construyeron la identidad y “excepcionalidad” regiomontana, hay un siglo de extensas jornadas laborales y desigualdad salarial.
A nivel nacional, México casi cierra el 2025 con una jornada laboral de 48 horas semanales intacta desde 1917, mientras que la mayoría de los países con altos ingresos ya operan con esquemas de 35 a 40 horas e incluso con semanas de cuatro días laborables.
Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el país encabeza el ranking de horas trabajadas por persona, con 2 mil 193 horas anuales.
Estos datos evidencian que México se encuentra en una posición rezagada tanto en legislación como en práctica laboral, pese a que ya se ha demostrado la eficacia de modelos que reducen horas sin afectar la productividad.
El país mantiene un marco legal heredado de principios del siglo XX y la discusión legislativa para pasar de 48 a 40 horas semanales continúa estancada.
40 horas ¡ya!
Ante este panorama, el pasado 23 de noviembre, la clase trabajadora marchó en 32 ciudades para exigir la aprobación de las 40 horas.
La primera iniciativa fue presentada en 2010 por el PRD (no por Morena ni Movimiento Ciudadano) y desde entonces, siete iniciativas han sido desechadas o están en comisiones.
Este 3 de diciembre, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, declaró que la reducción será de manera gradual a partir de 2027, hasta llegar, a más tardar en enero del año 2030, a un total de 40 horas semanales.
No obstante, el Frente Nacional por las 40 horas señala que la reducción debe ser inmediata, pues “los cuidados no son graduales, la vida no es gradual y la salud no es gradual”.
En su capítulo estatal, el mensaje por parte de la coordinación de Nuevo León es el mismo: «40 horas ya».
«Tenemos este horario desde hace más de 100 años. La inflación no es la misma y esas 48 horas que estamos trabajando no valen lo mismo que hace 100 años. Es esclavitud, no tiene otro nombre”, señaló un ciudadano frente al Palacio de Gobierno ubicado en el centro de Monterrey.
La poca cobertura y el foco mediático en el Macrofest, así como el rechazo o desinterés por la reforma, fueron factores que influyeron en que la marcha por las 40 horas en Nuevo León del 23 de noviembre tuviera poca concurrencia.
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Al menos 30 personas se manifestaron a favor de la reducción de la jornada laboral.
Entre mensajes de apoyo y personas que se sumaron a la protesta, el rechazo también fue latente, pues durante el recorrido por el centro de Monterrey, personas gritaban «pongánse a jalar» a los manifestantes.
“Lamentablemente, el sistema abusa de nosotros. Cuando nos dicen tu hora de comida no cuenta como parte de la jornada, cuando después de atravesar toda la ciudad 2 horas y media y llego 15 minutos tarde y me descuentas de mi sueldo, cuando voy al seguro social y no me da mi incapacidad porque la empresa no declaró mi sueldo base”, expuso Sam, integrante de la coordinación estatal del Frente Nacional por las 40 horas y una de las administradoras de «dudas laborales», grupo de Whatsapp donde se proporciona asesoría en justicia laboral.


