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Tras el escándalo de las tablas con clavos en San Pedro, especialistas y activistas por los derechos de los animales advierten que la urbanización y la falta de manejo de residuos arrinconan al oso negro —especie en peligro de extinción—, por lo que exigen transitar de la captura reactiva hacia una cultura de prevención ciudadana.
Por Melina Barbosa
La pérdida del hábitat del oso negro (Ursus americanus) registra una reducción estimada del 80% respecto a su distribución histórica en la República Mexicana.
En Nuevo León, este proceso de vulnerabilidad territorial se evidencia en el Parque Nacional Cumbres de Monterrey, que sufrió un recorte del 27.6% —es decir, 67 mil 605 hectáreas menos— tras el reajuste de sus límites en el año 2000, cuando el polígono oficial se achicó de 245 mil a 177 mil 395 hectáreas para relevar de la protección ambiental a los sectores que la expansión inmobiliaria ya había urbanizado.
Tal retroceso de la frontera natural (más la pérdida de hectáreas de bosque por incendios) propició una zona de alta interacción en los fraccionamientos residenciales y áreas recreativas, donde la fauna es atraída por recursos antropogénicos de fácil acceso.
Recientemente, la fricción entre los asentamientos humanos y la fauna silvestre encendió las alarmas a nivel nacional, cuando trascendió la distribución de al menos 40 tablas con clavos en la colonia Olinalá, en San Pedro Garza García, municipio con el mayor ingreso por habitante de América Latina.
La medida, cuya autorización fue descartada por Parques y Vida Silvestre de Nuevo León (PVSNL), puso de relieve el temor vecinal que accionó prácticas dañinas contra una especie catalogada en Peligro de Extinción (P) en la NOM-059-SEMARNAT-2010.

Tablas con clavos: un método que roza el delito ambiental
Katya Ortiz Morales, médica veterinaria, aclaró en entrevista que el mecanismo antiosos que carecía de aval institucional también fue implementado al margen de los estándares internacionales.
“Esos dispositivos con clavos usados en Estados Unidos —regulados y cada vez menos utilizados frente a tecnologías eléctricas—, no deben superar los dos centímetros. En Olinalá vimos clavos de hasta 10 centímetros que garantizan heridas graves”.
Más allá de aumentar la probabilidad de una reacción defensiva, la especialista explicó que las lesiones expuestas multiplican la vulnerabilidad del oso frente a graves afecciones sanitarias como el gusano barrenador, del cual ya se ha documentado un primer caso en la especie dentro de la entidad.
Por su parte, Ivonne Escárcega Sáenz, vocera de Pro Defensa Animal (PRODAN), afirmó que «los osos no son el problema y los clavos no son la solución», reiterando que «provocan heridas profundas en las almohadillas, hemorragias y lesiones en tendones que comprometen la capacidad del animal para caminar, buscar alimento en la sierra o cuidar a sus crías».
La activista además subrayó que infligir daño o provocar la muerte de un oso negro configura un delito contra la biodiversidad tipificado en el Artículo 420 del Código Penal Federal, que implica penas de uno a nueve años de prisión y una sanción de 300 a 3,000 días de multa.
La falacia de la “invasión”
De 400 registros de interacción con osos entre 2008 y 2024, la mayoría de los eventos (82.5%) se concentraron en Monterrey, San Pedro Garza García y Santiago, municipios ubicados en la parte sur y suroeste del Área Metropolitana de Monterrey, adyacentes al Parque Nacional Cumbres.
Así lo indica el estudio “Bears and the City: Spatiotemporal Patterns of Human-Black Bear Interactions in a Mexican Metropolis”, elaborado por investigadoras e investigadores de la UANL, la Universidad de Salamanca y la UNAM con base en reportes de PVSNL, cuyos resultados preliminares fueron compartidos por Katya Ortiz Morales, una de sus autoras.
Lejos de la narrativa mediática que acusa a los osos de “invadir” casas, la evidencia disponible apunta a que esta conducta responde a la fragmentación histórica de la sierra y la mancha urbana, sumado a los atrayentes permanentes como la basura expuesta, los árboles de traspatio (nogales, manzanos, ciruelos y encinos) y el alimento para animales de compañía.
⏯️ #Video | 🐻 ¡QUÉ MIEDO! Un oso se invitó solo a una convivencia familiar en el parque Chipinque en San Pedro Garza García, Nuevo León, y se comió toda la comida. En el video se observa que la mujer y el niño permanecieron inmóviles pic.twitter.com/NXjDJ72Va0
— Reporte Índigo (@Reporte_Indigo) September 26, 2023
Es durante la temporada de hiperfagia cuando los ejemplares necesitan consumir grandes cantidades de calorías para acumular reservas y en ese contexto, la mala gestión de residuos representa una de las mayores amenazas para la especie.
“Llevo más de 10 años documentando osos con obstrucciones intestinales severas por bolsas de plástico y casos de ejemplares vomitándolas. Ese es el daño que les hacemos todos los días. No es que el oso se meta a la ciudad, la ciudad está dentro del hábitat del oso”, dijo la también directora del proyecto Mi Vecino el Oso, quien refirió que para prevenir incidentes, se requieren soluciones probadas como vidrios reforzados, contenedores antifauna (bear-proof) y cercas o tapetes eléctricos de bajo voltaje.
“Los cercos y tapetes eléctricos están avalados científicamente y se recomiendan porque no provocan un daño al oso, es solamente un pequeño toque que los asusta y ya no se acercan. Hay vecinos en colonias del sur de Monterrey que ya han implementado estas medidas disuasivas y les han funcionado. Tienen una coexistencia muy tranquila, el oso ni se acerca a las propiedades, ni las propiedades son un impedimento para que siga su camino. Esa es la coexistencia que debemos buscar”, puntualizó Ortiz Morales.
A la fecha, ningún encuentro con el oso negro ha cobrado vidas humanas en la zona metropolitana de Monterrey, aunque sí se han registrado personas lesionadas y daños materiales.
«La coexistencia (no convivencia) con fauna silvestre no significa resignarnos a que un oso entre a la casa. Significa hacer todo lo necesario para que ese encuentro no ocurra, pero no con clavos. La prevención real exige controlar los atractores, asegurar los residuos y permitir que las autoridades manejen el avistamiento, sin vulnerar a una especie que transita por su propio territorio», concluyó la activista por los derechos de los animales, Ivonne Escárcega.
Organizaciones como PRODAN y Mi Vecino el Oso exigen transitar de la captura reactiva de los ejemplares hacia la prevención ciudadana y normativas más estrictas frente a la urbanización en zonas de interfaz urbano-forestal.
Sobre todo porque Nuevo León enfrenta distintas presiones críticas como el estrés hídrico, la contaminación de mantos acuíferos y el avance inmobiliario desmedido, sumados a los riesgos de proyectos extractivos como el fracking, cuya sismicidad inducida, fragmentación del subsuelo, consumo y contaminación del agua pueden alterar los corredores naturales y desplazar más a la fauna nativa.
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Reportaje realizado para Reporte Índigo | Imagen de portada: Reporte Índigo

