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Por Deyra Guerrero

Durante más de 200 años las personas ciegas han aprendido a leer y escribir por medio del Braille, que es un sistema de alfabeto táctil de seis puntos distribuidos en un rectángulo que representa las letras, números y símbolos de la mayoría de los idiomas del mundo.

Al contrario de los mitos que han existido por décadas en lo que concierne el Braille, este medio de alfabetización no es ni torpe, ni lento, ni difícil de encontrar. El Braille es un medio excelente para la lectura y la escritura y no es un sistema de segunda clase en relación con la palabra impresa, afirmaba Phil Hatlen, especialista líder en la educación infantil de ciegos y débiles visuales, quien fue Superintendente de Texas School for the Blind & Visually Impaired, hasta su fallecimiento en 2016 .

Sin embargo, pese a su eficacia, no es conveniente para todas las personas con una discapacidad visual parcial o completa, como se podría creer. Aquí en Rompiendo el Mito te lo contamos, en el marco del Día Mundial del Braille este 4 de enero.

Hatlen explicaba en su análisis sobre el tema, que la mayoría de la niñez entra en cuatro categorías en relación con los medios de enseñanza. Algunos con toda seguridad podrán leer la palabra impresa, ya que la vista que poseen les permite leer en forma rápida y acertada, empleando letra normal o letra grande o dispositivos ópticos. Para ellos la lectura no es difícil y conseguirán la rapidez y el grado de comprensión necesario.

braille

Otros estudiantes leerán y escribirán en Braille. Con frecuencia tales casos o son totalmente invidentes o bien poseen tan solo la percepción de la luz.

Existe un tercer tipo de estudiantes a quienes les costará tanto la palabra impresa como el Braille. Por lo general, estos infantes tienen dificultades adicionales en el aprendizaje, sumadas a la limitación visual. En estos casos, harán uso de otros medios de alfabetización, uno de ellos la formación auditiva. Otro método podría consistir en símbolos táctiles y cajas-calendario.

Acerca del cuarto grupo existe cierta confusión y falta de entendimiento, detallaba el especialista, pues en él, los menores de edad tienen discapacidad visual, pero vista suficiente como para llevar a cabo algunas tareas y actividades. Parte de los padres, madres y profesionales desean que aprendan braille, mientras que otros defienden el uso total de la vista existente, incluso para la escritura y la lectura.

“La confusión surge cuando no tomamos en cuenta que el braille y la palabra impresa son métodos equivalentes para la lectura y la escritura. Si pensamos que uno es superior al otro, corremos el riesgo de cometer graves errores en la educación de los niños”, explicaba Hatlen.

Cada caso tendrá que ser revisado por los padres, madres o tutores en lo particular con un docente con experiencia en la discapacidad visual de su hijo o hija, basados en una evaluación de medios de aprendizaje, concluye.

Lo positivo es que actualmente quienes tienen problemas para ver disponen de una variedad de alternativas para leer y escribir, y acceder así a la educación a la que tiene derecho, pero también a la lectura por placer.

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