El mapa es un papel

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Ladrando Claro 

Por Pablo Pérez

Teníamos varios años sin que los titulares se llenaran de narrativas como la invasión de Rusia a Ucrania o el ataque de Hamas a Israel, aunque no hemos tenido prácticamente un día sin guerra en el mundo desde el comienzo de la historia, solo que algunos conflictos no tienen la misma proyección ni causan la misma solidaridad, como pasa con la guerra de Azerbaiyán o las guerras civiles de Yemen o Siria, todas activas pero con poquísima cobertura mediática.

Mi reflexión de esta semana nace de las pocas ganas que he tenido de hablar sobre el conflicto entre Israel y Hamás. Absolutamente todo internet se volcó en opiniones rápidas, claramente más emocionales que informadas y como si se tratara de un partido de fútbol, lo primero que hicieron muchos fue tomar partido para después, inamovibles, vociferar su apoyo incondicional a uno u otro protagonista del conflicto.

Pero lo que uno cree acerca de la situación política en algún lugar del otro lado del mundo no puede estar por encima de su humanidad, y quiero dejar claro que me parece inaceptable que las cifras de muertos para estos primeros días de combate a mucha gente le parecieron justificadas, como si las víctimas se lo merecieran por ser israelíes o ser palestinos.

Creo que está bien lo que hacen varios medios (no todos) diferenciar claramente que este es un conflicto entre Israel y Hamás, entre dos gobiernos y no entre el pueblo de Israel y el pueblo de Palestina. 

Me recuerdan la letra de esa canción que dice que el mapa es un papel que los reyes reparten, mientras los hombres pelean.

Ya no hay reyes, pero sí hay un gobierno extremista en Palestina; Hamás, que aplastó en 2007 a Fatah y la Organización para la Liberación Palestina (a su manera más “moderados”) y desde entonces no ha dejado de lanzar ataques sobre territorio israelí, desde bombas a ataques aéreos.

Muchos de esos ataques fueron dirigidos a víctimas civiles.

Y no, los chicos que están hartos de que sus derechos humanos sean vulnerados y se manifiestan tirando piedras a los soldados de Israel no son Hamás, pero la violencia en la que viven puede llevarlos fácilmente a querer ser parte de sus filas, especialmente si han crecido los últimos 16 años con esta organización como única forma de autoridad visible.

Pero del otro lado tenemos a un gobierno presidido por Benjamín Netanyahu quien, después de un juicio por corrupción y lavado de dinero que finalizó con un arreglo dudoso, quedó con una imagen bastante disminuida y para poder acceder de nuevo al poder se tuvo que aliar con la extrema derecha de Israel.

Así de sorprendente cómo suena, Netanyahu no es lo más extremo a la derecha en ese país ¡Hay políticos que él consideraba demasiado de derecha para asociarse con ellos hasta ahora!

Desde antes de acercarse a esa extrema derecha el gobierno de Israel ya había reprimido en reiteradas ocasiones a la población palestina, no solo neutralizando militantes de Hamas sino también victimando a muchos civiles, incluyendo observadores internacionales y periodistas.

Hamás sabía que ante una avanzada como la que inició el sábado 7 de octubre la respuesta de este gobierno de Israel, el más extremista de la historia reciente y posiblemente el último en el que Netanyahu tendrá control sobre las decisiones militares sería proporcional. Y el patrón no es nuevo, con frecuencia se ha bombardeado Gaza, una zona muy densamente poblada por lo que siempre hay víctimas civiles.

También la política expansionista de Netanyahu ha promovido constantemente la ocupación alrededor del territorio palestino, cercándolos con colonos israelíes que son considerados invasores por los Hamás pero se sienten protegidos por su gobierno, incluso muchos de ellos aceptan que parte de las condiciones para construir en esos kibbutz es tener un “cuarto seguro” o sea un bunker.

Promover que gente se establezca en territorios en conflicto donde corren riesgo, leído así, tampoco suena como la más humana de las acciones, especialmente si se sabe de antemano que serán las primeras víctimas de un eventual ataque que en esta ocasión no fue prevenido por la mejor agencia de inteligencia del Medio Oriente, cuyo objetivo principal debería ser cuidar a sus ciudadanos de ataques terroristas (irresponsabilidad que el mismo gobierno de Israel ha aceptado, por cierto).

La lamentable muerte de estos civiles ha sido transmitida en los medios de comunicación y redes sociales para causar una indignación totalmente justificada.

Mi postura personal (qué poco importa) es que Israel ha violado los tratados internacionales y los derechos humanos de la población palestina por demasiados años, que abandonó demasiado temprano la posible solución de los dos estados y que ha continuado su política expansionista a costa de los territorios del pueblo palestino.

Pero a pesar de que me importa la independencia de los territorios palestinos también creo que el gobierno de facto de Hamás ejecutó una acción violenta contra civiles, no contra el ejército de Israel, para provocar una respuesta que sabía le costaría la vida no solo a militantes de su movimiento sino a muchos más civiles gazatíes que posiblemente por encima de la ideología solo querían pasar un día tranquilo y el lunes ir a sus trabajos.

También la muerte de estos civiles ha sido usada por otros medios y redes sociales para causar una indignación tan justificada como la anterior.

Pareciera que estamos ante dos poblaciones civiles expuestas por sus líderes para que sus muertes sean televisadas y con ello justificar sus acciones.

El usar los medios para favorecer una postura política tiene un nombre, se llama propaganda. El exponer vidas civiles para hacer propaganda no sé si tenga nombre, pero me parece una infamia.

Por eso de la lluvia de comentarios de estos días me quedo con el de la admirable Viola Davis cuando dijo: “Si le dejas de tener empatía a las víctimas por lo que piensas de su gobierno, es que la propaganda está sirviendo”.


Pablo Perez Verificado

Pablo Pérez (@paperjourno) es periodista y productor audiovisual, de niño quería ser parte de la tripulación del Capitán Cousteau. Estudió Ingeniería Bioquímica, es ganador de un Premio Nacional de Periodismo que lo usa como tope de puerta, es contador de historias y muy crítico de narrativas engañosas.

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