- El Estado de Nuevo León deslinda a la industria, pero las cifras son claras. Tan solo cuatro empresas liberan más de 89 mil kilogramos de plomo al año. Mientras el discurso oficial minimiza el riesgo, la niñez regia crece intoxicada a la sombra de las fábricas.
Por Melina Barbosa
Entre recicladoras y forjas, un nombre inesperado encabeza el listado de empresas emisoras de plomo en el estado: Mattel, la fábrica de juguetes como Barbie y Hot Wheels.
Su planta en Escobedo liberó 62 mil 203 kilogramos del metal pesado en 2024, más de cuatro veces lo que registró Eléctrica Automotriz Omega, la segunda de la lista, seguida por Recmat de México y Forja de Monterrey.

Juntas, las cuatro empresas emitieron más de 89 mil kilogramos de plomo dispersados en forma de partículas respirables, vapores o humos, según el último Registro de Emisiones y Transferencia de Contaminantes (RETC) de la Semarnat.
Aunque el mapa presentado por la Secretaría de Salud de Nuevo León no nombra a ninguna empresa —solo las marca como cuadros negros—, al cruzar sus ubicaciones con el RETC se confirma que Mattel y Forja de Monterrey están a menos de 5 km entre sí.
Ambas en Escobedo, en la zona donde las áreas de influencia de las dos empresas prácticamente se tocan, y también donde se muestra la mayor concentración de casos de menores con plomo en su sangre.
Ese mapa, sin embargo, llegó acompañado de una conclusión que lo contradice.

Salud de NL minimiza el foco industrial del plomo infantil
La secretaria de Salud, Alma Rosa Marroquín, presentó en la conferencia Nuevo León Informa un estudio estatal en mil 235 niños para detectar altos niveles de plomo en sangre. Lo que siguió, en tan solo una hora, fueron varias contradicciones oficiales.
Primero, la funcionaria enlistó las posibles fuentes de contaminación por plomo en la población infantil: dulces de tamarindo, frituras con colorantes rojos, juguetes, ropa de trabajo de los padres, pintura y barro vidriado.
De forma explícita, también reconoció la «cercanía a industrias y talleres que manejan metales». Después presentó los resultados del estudio y concluyó que «vivir cerca de industrias emisoras NO se asoció con niveles más altos» de plomo.

Por último, mostró el mapa de distribución espacial de niveles de plomo en niños del Área Metropolitana de Monterrey, el mismo que revela que los casos más graves se concentran en las zonas con empresas emisoras.
El mapa de la Secretaría de Salud evidencia altos niveles de plomo en las áreas cercanas a las empresas, pero la autoridad justifica una conclusión que contradice su propia cartografía.
«Niveles bajos» no equivalen a niveles seguros
Por otro lado, la Secretaría de Salud presentó como «buenas noticias» que «casi el 80% de los niños tienen niveles bajos y seguros».

Sin embargo, la OMS reitera que no existe un nivel seguro de exposición al plomo, advirtiendo que concentraciones de apenas 3.5 µg/dL pueden afectar la inteligencia infantil y causar problemas de comportamiento y de aprendizaje.
El daño comienza incluso antes de nacer. El plomo traspasa la placenta y puede provocar aborto espontáneo o nacimientos prematuros con bajo peso.
En la infancia, afecta la motricidad y el desarrollo del lenguaje de formas que raramente se identifican en la edad escolar. Si la exposición continúa en la adultez, se vincula con hipertensión, accidentes cerebrovasculares y, en la vejez, con Parkinson y deterioro cognitivo.
Desde 2021, la OMS señala que cualquier concentración igual o superior a 5 µg/dL obliga a identificar la fuente de exposición y tomar medidas necesarias para reducirla y evitarla.
Bajo ese criterio, el mapa estatal no representa una estadística menor “ni pocos niños con niveles elevados”, sino una alerta que requiere intervención prioritaria.
La afirmación de la secretaria de Salud contrasta, además, con la evidencia más robusta recabada por especialistas sobre esta problemática en México.
Martha María Téllez-Rojo, investigadora del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) e integrante del equipo que incorporó la medición de plomo a la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición, calificó de ‘alarmante’ la prevalencia del 7.2% en Nuevo León y señaló a la industria como fuente contaminante.
“A nivel nacional, el barro vidriado ocupa la mitad de la intoxicación por plomo, pero en el norte hay menos arraigo en esta tradición. Monterrey es claro que es la industria, que se tiene que atender el problema, si es que queremos que los niños y las niñas no tengan los niveles de plomo que están encontrando”, apuntó.
Décadas de plomo
Lo que en abril de 2026 pareció una revelación tiene, en realidad, décadas de antecedentes documentados.
El Plan Integral para la Gestión Estratégica de la Calidad del Aire 2023-2033 del gobierno de Nuevo León cita estudios de 1998 y 2008 que arrojaron altos niveles de plomo en sangre de niños escolares del Área Metropolitana de Monterrey.
El documento va más lejos e incluso plantea monitorear sus concentraciones en aire, polvo, tierra, agua y comida.
La ENSANUT Continua 2022–2024 amplió el diagnóstico a escala nacional: al menos 1.2 millones de infancias de entre uno y cuatro años (15.8% de esa población) tienen intoxicación por plomo.
En Nuevo León, la prevalencia es del 7.2%, un porcentaje menor al de otros estados críticos como Puebla (41.2%) o Tlaxcala (33.3%), pero que la evidencia científica no permite calificar como tranquilizador.
Recientemente, medios locales como Milenio difundieron los hallazgos de un estudio de TecSalud en mil 239 infantes. De ellos, 83 alumnos de planteles del Centro de Desarrollo Integral (Cendi) dieron positivo a concentraciones altas de plomo.
Derivado de ese estudio se ampliaron las investigaciones y Guadalupe Rodríguez Martínez, directora de los Cendis, sostuvo que las fuentes pueden ser plastilinas, útiles escolares y dulces, en línea con la postura de la Secretaría de Salud.
No obstante, que esos planteles tengan ciertas fuentes identificadas no descarta a la industria como factor clave en toda la entidad.
Reportaje realizado para Reporte Índigo | Imagen de portada: Reporte Índigo

