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  • Romel, el personaje infantil creado por Jorge Emilio Ruiz Guevara, cumple 40 años de entretener a  generaciones de niños y niñas del norte del país. Su hija Stibaliz nos comparte un relato sobre el perrito rosa, visto a través de sus ojos.

Por Stibaliz Ruiz

Romel es un perro color rosa, que en un abrir y cerrar de ojos, se convirtió en un personaje infantil muy especial en el gusto de chicos y grandes, no sé si fue su color, su carisma, su manera de ser, pero lo que sí sé, es que al momento que lo ves arriba de un escenario te atrapa con sus ocurrencias, con su estilo, simplemente él te cautiva.

Nació un 4 de julio de 1978, ahora esta cumpliendo 40 años y es encantador seguir viéndolo con esa la misma energía desde aquel primer día que Jorge Emilio Ruiz Guevara decidió darle vida a Romel, dicen por ahí que el día que dio su primer show con esa máscara (que pesa poco más de tres kilos) forrada con peluche rosa, paró en seco porque sus compañeros le decían que la gente lo iba a confundir con una “perrita” e inclusive los niños no iban a saber de qué trataba el personaje, esa tarde salió bajo protesta y le dijo a Juan Pestañas, que haría el show pero que terminando hablaría seriamente con él, porque se sentía muy molesto.

Todo fue que subiera al escenario, callado, sin hacerle caso a nadie, por más que sus compañeros, “Juan Pestañas”, “Luigui” y “Longitas”, preguntaban si tenía nombre, que de dónde venía, Jorge Emilio, estaba en su papel, “no diré nada, no haré nada”… fue cuestión que a lo lejos comenzará a escuchar una vocecita de una niñita que le gritaba desde lejos en los brazos de su papá ¡ROMEL! ¡ROMEL! y paró el show para decirle a “Juan Pestañas”: “Mira Juan, ella sí sabe cómo me llamo, ¿cómo dices que me llamo, linda? a lo que la niña con apenas cuatro añitos contestó, apenada, abrazada de su papá: ¡ROMEL! y ahí justo en ese momento nació este perro rosa que nos ha enamorado.

Su historia, yo podría decir que ha sido mágica, alguna vez alguien me dijo que Jorge Emilio es un ser tocado por Dios, y sí, lo es. Esto me lo dijo, su hermano mayor, Carlos Alfonso Ruiz Guevara y tuvo toda la razón. Porque para divertir a los niños (que es el público más difícil), tienes que tener un ángel muy especial, porque así cómo puedes tener la atención un niño, se puede dar la media vuelta e irse a jugar con la pelota, sin duda es el público más sincero, o le gustas o simplemente se va.

Y con Romel ha pasado algo muy particular, ha mantenido a su público entretenido, divertido, feliz y te das cuenta porque los que fueron niños, ahora lo buscan para decirle que quisieran tener una foto igual que tienen cuando ellos cumplieron seis años, pero ahora con sus hijos, sigue pasando por generaciones y eso lo hace un grande, porque a pesar que tiene 18 años fuera de televisión, la gente sigue recordándolo, buscándolo y siguiéndolo en redes sociales y en su programa de radio en el cual ya tiene 18 años al aire, recibiendo llamadas de Colombia, Houston, Michigan, Las Vegas, Santa Mónica, Costa Rica y de la mayor parte de Nuevo León.

En la vida de Jorge Emilio Ruiz Guevara, como en la de todos, ha habido altibajos, tristezas, pérdidas, pero él es un hombre impresionantemente resilente, ha dado shows con el corazón roto, y nadie se da cuenta, porque al ponerse esa máscara rosa, Romel toma vida y da todo para salir a hacer su trabajo, hacer feliz a su público y dejar un buen sabor de boca.

Creo que la vez que lo he visto más triste, pero al mismo tiempo con una gran sonrisa en la boca, (porque tengo que decir que en él siempre encontrarás un abrazo, una gran sonrisa, un apretón de mano y siempre te saludará con gusto), fue el día que su hermano de sangre, amigo y compañero, Humberto Javier Ruiz Guevara, “Betín”, se despidió de nosotros.

Recuerdo con claridad ver una tristeza tan grande reflejada en sus ojos, pero a pesar de todos los sentimientos encontrados por perder a su hermano, tenía que salir a escena a sacar sonrisas, lo logró de una manera que yo le aplaudo de pie, no cualquiera lo podría hacer. Rió y bailó con cada niño del show hasta ver las enormes sonrisas pintadas en sus rostros, y al terminar, bajó del escenario para seguir con el duelo y consolar a los suyos. Vaya manera de sacar la casta.

Jorge Emilio Ruiz, su hija Stibaliz, su esposa Blanca Esthela y Jorge, su hijo.

Mucha gente se pregunta si Jorge tiene el mismo carácter de Romel, sí, son casi iguales, sólo que Jorge es papá y Romel no; Jorge está por cumplir 67 años y Romel tiene 40. Es una persona, platicadora, disfruta mucho a su familia, es un hombre hogareño, hace muchos años decidió dejar la música para dedicarse a su esposa y a sus hijos, hace 42 años años se casó con Blanca Esthela Valle de Ruiz y tiene dos hijos, la de la voz  y Jorge.

Recuerdo mi infancia con mucho cariño, cuando éramos niños, de día andaba de Romel y de noche andaba de músico, había poco tiempo para compartir con la familia debido a su gran carga de trabajo, pero papá nunca nos faltó, siempre estuvo presente en asambleas, Día del Niño, Día del Padre, Navidades, fines de año, cumpleaños, mi madre sin duda hizo mucha magia para que no extrañáramos a papá, entre los dos, hicieron una labor titánica para que no echáramos de menos a papá ningún día de nuestras vidas.

Me atrevo decir que Romel, quien ha trabajado mucho y muy constante, se debe a que Jorge Emilio es un hombre muy perfeccionista y sumamente dedicado, que se ha ganado un lugar en el corazón de cada una de las personas que lo ha conocido, que se ha tomado una fotografía con él, que han cantado una canción, quien lo disfrutó en su fiesta de cumpleaños, quien acudió a un programa en el canal 28, quién ha llamado a su programa de radio, quien ha sido sorprendido en alguna celebración por el perrito rosa, quien recibió un abrazo de Romel justo en el momento adecuado para sus almas, por estas razones y muchas más, Romel se ha ganado un lugar muy grande en el corazón de las personas que lo han seguido durante 40 años y sobre todo, las nuevas generaciones que comienzan a seguirlo.

Su papá, Alfonso Ruiz Urquijo se le dijo una frase que nunca olvidó: “hagas lo que hagas, nunca seas del montón“. Y le cumplió.

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