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Por Caridad García

La mezcla de realismo mágico, cultura mexicana y gastronomía que caracteriza a la escritora Laura Esquivel, autora del bestseller Como agua para chocolate, es lo que podemos encontrar en su nuevo libro Mi negro pasado.

Y es que, como ella misma cuenta, retomar la historia fue difícil. Todo vuelve a comenzar con las tortas de navidad, donde María la protagonista de la historia, se vuelve un espejo de todos nosotros que nos perdimos en nuestra historia.

“Creo que lo bueno en Mi negro pasado es investigar, saber y reconectar. Y por mucho que uno se haya perdido en el camino, yo insisto, ahí siguen las abuelas, ahí sigue el conocimiento, siempre queda una carta, una foto, un listón que hay que rescatar, que nos va a decir algo, que nos va a hablar, que nos está dando datos de nosotros mismos para reconstruirnos para dignificarnos”.

Invitada a la cátedra de periodismo “Elena Poniatowska”, el 20 de abril de 2018 en el Colegio Civil, la escritora presentó su último trabajo. Ahí, Esquivel reveló desde detalles de su vida alrededor de la creación literaria hasta su vida en la política.

Contó cómo la cocina siempre ha sido el centro de su familia, es por eso que explicó como la preparación de chorizo norteño, tamales, tortillas de harina, continúa como una tradición en su hogar.

“Tuve la fortuna de nacer y de crecer en una familia donde se cocinaba y se comía de maravilla, yo pienso en mi mamá y la primera imagen que me viene es de mi mamá en la cocina”.

Perteneciente a una generación que consideraba innecesario desempeñar un rol dentro del hogar, Laura afirmó que nunca se había interesado en la cocina, hasta que el nacimiento de su hija la hizo cambiar de opinión.

“Hasta que yo me convierto en madre y quiero alimentar a mi hija como a mí me habían alimentado, regreso a la cocina después de muchos años de haberme alejado y entonces me maravillo, descubro, veo de lo que se trata y reconsidero lo que es el simple acto de comer, ¿qué sucede cuando yo me tomo un té?, cuando yo le doy una mordida a una quesadilla, ¿qué está pasando?, mucho más allá de la cuestión física o química, hay algo muy importante, está uno invocando a fuerzas, espíritus, presencias, voces”.

Presentar todo un mundo que se está perdiendo, un mundo de sensualidad, olores, sabores, colecciones, un mundo que nos pertenece, era el propósito al escribir Como agua para chocolate, y ahora el propósito es heredarlo.

“En Mi negro pasado, la abuela lo que le hereda a su nieta son sus semillas. Piensen en sus nietos, ¿qué les gustaría heredar?, no es tan importante heredar una casa, ni propiedades, ni dinero, lo más importante es heredar esta visión, todo un respeto por el medio ambiente, por lo que somos, el respeto unos a otros”.

La autora recomienda educar seres humanos que asuman una responsabilidad profunda sobre qué es lo que quieren hacer en la vida, en lugar de seguir ordenes de su mamá como Tita.

“Nunca se debe olvidar que somos creadores, nacimos para transformar, nada nos puede determinar, nosotros determinamos cada vez que pensamos, cada vez que amamos y esa es la fuerza más poderosa de transformación que conozco”.

 

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