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Por Sergio Treviño García*

A todos nos fascinan los thrillers policíacos. ¿Quién no disfruta de ver una película dónde hay un maníaco suelto asesinando personas mientras sigue un patrón específico? Es llamativo, intrigante, y termina, en gran parte de los casos, por llevar a una resolución y un desenlace positivo.

Muchos de estos filmes están basados en la vida y desventuras de individuos más crueles y sanguinarios de lo que nuestra imaginación podría maquinar.

John Wayne Gacy, Charles Manson, “Jack el Destripador”, el “Zodiaco”, Gary Ridgway, Andréi Chikatilo o Ted Bundy son nombres que han trascendido más allá de la controversia mediática de su época, se han convertido en íconos del asesinato en serie y siguen causando escalofríos en todos aquellos que pudieron haber sido sus víctimas. O mejor dicho, todas aquellas, pues estos hombres sentían una especial predilección por el género femenino; Bundy especialmente, a quien se le considera el mayor feminicida de la historia.

Pero he aquí un detalle curioso, al menos la mayoría lograron ser capturados y llevados a la justicia, es por esa razón que sus nombres y rostros son conocidos. Basta con revisar los datos: Ridgway y Manson cumplen o cumplían sentencias en prisiones de máxima seguridad; otros como Gacy, Chikatilo o Bundy fueron condenados a muerte; mientras que “Jack El Destripador” o el “Zodiaco” jamás fueron identificados.

Pero qué sucede cuando en lugar de ser un solo maníaco que asesina mujeres y que causa estupor en los medios de comunicación durante cierto tiempo, fueran diez, cien, mil, o quizá decenas de miles. Aunado a que el lugar dónde viven estas decenas de miles de “asesinos”, no se le da un seguimiento adecuado a las investigaciones y muchos de estos crímenes quedan impunes.

Esto sucede en países de todo el mundo y México no es la excepción. De 2007 a 2016, fueron localizados los cuerpos de 22 mil 482 mujeres con signos de mutilación, ahogo, asfixia, quemadura, heridas de arma blanca y de fuego, entre otras.

Según registros del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, (INEGI) cada cuatro horas, una niña, joven, mujer adulta o mujer mayor es asesinada, en alguna de las 32 entidades federativas.

Tan comunes y normales se han vuelto las malas noticias en nuestro país, que ya ni siquiera nos produce inquietud o preocupación revisar estas cifras. La cuestión es ¿por qué nos impresiona tanto que un sujeto en Estados Unidos asesine personas siguiendo un patrón y tiempo determinado, mientras que no nos preocupa que miles de sujetos asesinen a igual número de mujeres durante casi una década en México?

Hagamos un ejercicio de comparación usando cuatro de los crímenes de Ted Bundy, contrastados con cuatro casos de homicidio en México.

  • Enero 4, 1974. Tacoma, Washington – Bundy irrumpe en el dormitorio de Joni Lenz, universitaria de 18 años a quién golpeó con una palanca de metal, y violó con una de las patas de la cama. La chica sobrevivió, pero quedó severamente malherida, y con un daño cerebral permanente.

Septiembre 9, 2015. Monterrey, Nuevo  León – Un par de delincuentes armados con cuchillos ingresan al domicilio de una mujer, madre de dos hijos, en la colonia Cumbres Callejuelas. Los sujetos sometieron a la mujer, la amordazaron, y mientras uno buscaba objetos de valor, el otro se quedó a vigilarle y abusar de ella.

  • Junio 1, 1974. Burien, Washington – Brenda Ball, de 22 años salió de la taberna Flame después de comentarle a sus amigos que buscaría alguien que pudiera llevarla a Sun City, en California. Fue vista por última vez hablando con un hombre con un cabestrillo en el brazo (truco utilizado por Bundy para engañar a sus víctimas). Nueve meses después, sus restos fueron hallados en una zona boscosa de las montañas Taylor.

Septiembre 7, 2017. San Andrés Cholula, Puebla – Mara Fernanda Castilla, de 19 años sale del bar The Bronx acompañada de sus amigos. Ella pide un taxi de la empresa Cabify para volver a casa. Abordó el vehículo, conducido por un hombre llamado Ricardo Alexis. Al arribar al domicilio de Mara, según un video captado por una cámara de seguridad de la colonia, el auto permaneció detenido por aproximadamente 30 minutos y mientras la joven seguía dentro. Transcurrido ese tiempo, el chofer se asoma a la parte trasera del auto y se retira del lugar. La desaparición y asesinato de Mara fue confirmado un mes después, el conductor fue detenido y permanece bajo prisión preventiva.

  • Abril 15, 1975. Colorado, Florida – Melanie Cooley, de 18 años desapareció mientras volvía de la escuela. Ocho días después, su cuerpo es encontrado por un trabajador de caminos, quien llamó a la policía. Su cuerpo mostraba heridas de golpes con una barra metálica, sus manos atadas por la espalda, y una funda de almohada rodeaba su cuello.

Julio 20, 2017. Arteaga, Coahuila – Durante una caminata por el campo, un ejidatario descubrió el cadáver semidesnudo de una mujer entre la maleza. La Procuraduría General de Justicia (PGJ), la Policía Municipal y Ministerial llegaron a la escena. La víctima mostraba signos de estrangulamiento.

  • Enero 14, 1977. Colorado, Florida – Bundy irrumpió en el edificio de la fraternidad Chi Omega, dónde atacó a cuatro estudiantes, sus nombres eran Lisa Levy, Margaret Bowman, Karen Chandler y Kathy Kleiner, el homicida violó y mató a golpes a las dos primeras, mientras que dejó con vida, aunque en un estado crítico a las dos últimas. Atacó a una quinta mujer no muy lejos de ahí, provocandole fractura de cráneo, mandíbula y el cuello dislocado.

Junio 14, 2016. Ciudad Victoria, Tamaulipas – Los cuerpos sin vida de dos mujeres y un menor de edad fueron encontrados en el interior de una casa ubicada en la colonia Horacio Terán. También fue agredido en el interior del domicilio, un hombre de 56 años. No se encontraron indicios de los responsables en la escena del crimen.

¿Cuál es el problema de México? El planteamiento va más alla de estos cuatro (más miles de casos similares), está en la incompetencia o quizá la apatía de las autoridades por darle un adecuado seguimiento a las investigaciones de estos crímenes. Esto refleja un grave problema de cultura, de educación, y de respeto hacia la vida humana. El licenciado en Criminología y Psicología, y profesor de la Facultad de Derecho y Criminología (FACDYC), David Martínez explica el motivo que origina los crímenes contra mujeres en México.

“Se le cosificó demasiado en esa comunidad, se desvalorizó mucho el lugar de la mujer, entonces muchos no eran asesinos propiamente seriales, simplemente era la violencia masculina en su máxima expresión de gravedad, que llegaba al homicidio. Entonces no era un solo asesino serial, eran muchas personas que mataban a una mujer, que obviamente tenía contacto, la mayoría de ellas con la víctima; la ex pareja, ex marido, un vecino, el marido, o el hermano, o el papá”.

Entre 2012 y 2013, se registraron 3 mil 892 mujeres asesinadas de los cuales solo 613 fueron investigados. Esto se traduce a que en el 43% de los casos, la autoridad no da información, el 25% se encuentra en proceso, el 24% en investigación y tan solo un 1.6% tiene una sentencia.

En 2014, se reportaron mil 042 muertes y tan solo 353 fueron investigadas, esto por no mencionar las 7 mil 185 mujeres que se encuentran desaparecidas.

Durante el 2015, los casos registraron fueron 2 mil 383 y fue en este año dónde se estableció que solo se conocían a los asesinos de 140 de estos casos, que corresponde al 6%, según el INEGI.

Y entre 2016 y 2017 se contabilizan mil 106 mujeres asesinadas de entre 20 y 40 años, de los cuales 24 casos corresponden a violencia perpetrada por sus parejas y ex parejas.

Podemos concluir que en México, el 95% de los feminicidios quedan impunes y aunque no exista un psicópata con trastorno maníaco-depresivo como Ted Bundy, lo que sí hay son miles de individuos con una violencia tal que no trastabillan al arrebatarle la vida a la hija, la hermana, la esposa, la novia, la amiga, la mujer.

Bundy terminó por ser capturado y ajusticiado según las leyes estadounidenses, pero la mayor parte de los responsables de los feminicidios en México que siguen libres en las calles. Resulta irónico, pues a pesar de ser un país con un nivel de violencia de género mayor a Estados Unidos, se le da muy poca importancia a este tipo de delitos.

*Sergio es estudiante de tercer semestre de la Licenciatura en Periodismo Multimedia de la Facultad de Ciencias de la Comunicación. UANL.

 

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