- Vecinos y ambientalistas advierten posibles afectaciones a la salud, al riego agrícola y al ecosistema del Río Pesquería, ubicado en Nuevo León, México, por un proyecto municipal sin estudios técnicos públicos.
Por Melina Barbosa
Con represas construidas para contener el agua, música en vivo y una megadiscada, el alcalde Manuel Guerra Cavazos inauguró el pasado 29 de marzo lo que su administración bautizó como la Playita de García.

Pero detrás de las imágenes idílicas de esta nueva atracción turística en García hay riesgos que van desde la contaminación del agua, la introducción de especies exóticas invasoras y la afectación de las acequias (canales diseñados para conducir agua de riego). Hasta ahora, el proyecto no cuenta con estudios técnicos públicos que sustenten su viabilidad, informen sobre su impacto ambiental o descarten riesgos para la salud de los visitantes.
Para los residentes del municipio de García (cuya identidad se reserva a solicitud por temor a represalias), las imprecisiones comienzan con el nombre. El sitio no es una playa artificial; es una alteración a una parte de un río. Se trata de una zona sobre el lecho del Río Pesquería que el gobierno municipal habilitó con represas a la altura de la colonia El Renacimiento.
El proyecto además evidenció la urgente necesidad de espacios de convivencia comunitaria en la región y, al mismo tiempo, dejó al descubierto un clasismo arraigado sobre algo que no está a debate: todas las personas, sin importar su clase social, tienen derecho al esparcimiento. Pero ese derecho no puede ejercerse a cualquier costo ambiental.

Las falsas aguas turquesas
Las fotografías oficiales muestran un cuerpo de agua de tono turquesa. Sin embargo, los ríos de ese color deben su tonalidad a condiciones muy específicas como alta transparencia, fondos de roca caliza o arena blanca y dispersión de la luz por minerales disueltos. Esas condiciones rara vez se cumplen en el Río Pesquería, afectado históricamente por contaminación antrópica.
Tanto residentes del municipio como visitantes reportan una realidad distante: agua turbia, basura y un olor desagradable. «No es por el color del agua, ni la basura flotando que se dice que está insalubre, también por el olor. Creemos que hay descargas de drenaje de las colonias cercanas», comentó uno de los vecinos.
Otro detalle que no pasa desapercibido entre la comunidad es el comportamiento del propio alcalde. En la inauguración del Parque Ecológico Nacataz, también sobre el Río Pesquería, Guerra Cavazos se metió al río, mientras que en la “playita” no se ha sumergido.
Los residentes afirman que el alcalde debe ordenar estudios químicos y microbiológicos del agua, publicar sus resultados y despejar dudas, pues sin esa base no es posible descartar ningún riesgo para los bañistas.
Una especie invasora sembrada
El naturalista Humberto Montemayor, conocido como The Caracara, señaló al alcalde por presumir la liberación de 25 mil tilapias en la “Playita del García».

El problema es de fondo legal y ecológico. La tilapia gris (Oreochromis niloticus y Oreochromis aureus), originaria de África, es reconocida por la CONABIO y la SEMARNAT como especie invasora de alto impacto.
Aunque su cultivo en granjas acuícolas está permitido, su liberación intencional en ecosistemas naturales puede constituir una infracción administrativa o, dependiendo de los daños, un delito ambiental. A ello se añade que se desconoce si los ejemplares están sexados, lo que podría desencadenar un descontrol reproductivo.
“Una tormenta intensa bastaría para llevarse todo, elevar el caudal del río y dispersar a las tilapias hacia otros tramos o arroyos conectados”, advierte The Caracara.
Por si fuera poco, de las 25 mil tilapias liberadas, muchas no sobrevivirán ni alcanzarán la talla necesaria para la pesca deportiva en el plazo de cinco meses referido por el alcalde. Ese proceso toma entre seis y ocho meses desde la etapa de alevines, dependiendo de la temperatura del agua y la alimentación disponible.
Al momento, incluso circulan reportes de visitantes que se llevan los alevines en botes de agua.
Acequias afectadas
Desde la construcción de la playita, productores agrícolas alertaron sobre un posible impacto en las acequias, registrando reclamos por disminución del agua que llega a más de 300 usuarios de riego.
El antecedente más cercano es el Parque Ecológico Nacataz, también sobre el Río Pesquería, donde la intervención con palapas y arena de playa ya había generado conflicto. En abril de 2025, la Asociación de Usuarios de la Unidad de Riego Garza y Capellanía —que gestiona un sistema de riego histórico de 400 años con 50 kilómetros de acequias en García— denunció que la construcción de represas para retener agua afectaba directamente los canales de riego de la zona.
El problema, precisan residentes, va aún más lejos. Los canales que sostienen las huertas del casco histórico del municipio también resienten la falta de desazolve y la comercialización del agua extraída de pozos, aljibes y norias ubicados aguas arriba.
Obras sin brújula ambiental
Defensores del medio ambiente y vecinos señalan que no era necesario replicar una playa para crear un espacio de convivencia. Bastaría, dicen, con respetar la naturaleza del lecho del río y adecuar el entorno de forma sostenible, sin represas que alteren el flujo, sin especies exóticas y sin remoción de la vegetación ribereña.
«No tuvieron una buena planeación. Nada más fueron, hicieron un pozo, removieron vegetación y dijeron vámonos. No sabemos del verdadero costo ambiental ni de algún plan de manejo para sostenerla», señaló un residente.
Montemayor, quien monitorea los humedales en el estado, apunta además al problema de la capacidad de carga, pues sin vigilancia constante, sin gestión adecuada de residuos y sin límite de aforo, la presión sobre el sitio puede volverse insostenible en poco tiempo.
Las demandas de algunos de los residentes de García son concretas: transparencia en la evaluación del impacto ambiental, estudios y resultados públicos sobre la calidad del agua, vigilancia permanente, manejo responsable de residuos y un plan de gestión real.
Para la comunidad, mientras esas condiciones no se cumplan, la Playita de García será, más que un espacio de recreación, otro ecosistema frágil.
Reportaje realizado para Reporte Índigo | Imagen de portada: Reporte Índigo

