Calidad de información y juicio público

Waldo Fernández

Las democracias del mundo enfrentan retos singulares en las relaciones entre instituciones y ciudadanía. La vigencia de nuevas plataformas de información implican núcleos de opinión pública que reaccionan rápidamente ante cualquier evento y el concepto de periodismo pareciera ampliarse a costa del sentido común. Hoy cualquier persona puede hacer “periodismo”, las redes sociales llevan informaciones que se multiplican en lectores a un ritmo vertiginoso, aparecen nuevos centros que generan y distribuyen información en el ciberespacio, y se propagan datos, interpretaciones y opiniones que a veces tienen un responsable y la mayoría no.

Las democracias son sistemas de gobierno que deben responder a múltiples demandas y necesidades sociales, a la pluralidad política de los electores, a la diversidad de elecciones de vida, y a una heterogeneidad social de expectativas; en otras palabras la democracia hoy enfrenta la necesidad de generar gobiernos que respondan a una mayoría de minorías, empero, esta labor se complejiza cuando se tiene también la necesidad de que la información en las plataformas digitales tenga una mejor calidad; sin establecer una deontología del decir y del hacer en redes sociales, y sin pretender acallar ninguna voz, es necesario un sentido de responsabilidad pública con la democracia y sus instituciones.

Las libertades públicas y el ejercicio de la diferencia son bienes preciados, empero, las democracias son frágiles a los sinsentidos, a la diatriba, y al adjetivo infundado. El gobierno no puede prohibir nada de lo que se publica en redes sociales, ni en otro medio, salvo los delitos previstos por la ley, por ello el peso de la responsabilidad está en el trabajo entre gobierno y sociedad, en la cultura informativa y en fortalecer el periodismo profesional. Muchas libertades están en juego cuando se compromete la legitimidad de la propia democracia.

La elección del Presidente de los E.U. tuvo como referente una operación polémica en redes sociales y ahí está el resultado de fundar el juicio público en mensajes de 40 caracteres, monitos y frases vacías.

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