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Por Syndy García

Con más de una década de experiencia, Rosapola Valdez García, enóloga y socia de la vinícola Maravillas refiere que en Nuevo León se tienen las condiciones para establecer más sembradíos de uva y con ello crear vino.

En entrevista para Verificado, Valdez García habla en especial de la vinícola Maravillas y de las posibilidades de formar en la entidad nuevoleonesa la cultura del vino.

¿Cómo surge la idea de hacer una vinícola en Nuevo León?

Es un proyecto familiar y la persona con más inquietud fue mi padre. Él estuvo un tiempo en Israel y vio cómo en pequeños espacios podían hacer fructífero el desierto, entonces dijo “tenemos tanto espacio nosotros y no hacemos nada”, por eso empezamos con un pequeño proyecto en el ejido Maravillas, sembramos sandía, berenjena, chiles, melones, uvas, fue como un proyecto de fines de semana en donde nos juntábamos y sembrábamos diferentes hortalizas y llegaron las vides.

De vecino teníamos a un tío abuelo que estuvo trabajando en Casa Madero, y él tenía la variedad de Rosa de Perú, entonces entre la que tuvimos ahí empezamos a cosechar, y luego empezamos a hacer como jugos, y con el contacto de las universidades cada quien encontró a alguien relacionado con el viñedo y contactamos con un sacerdote de García, él hacía su propio vino cerca de Rinconada, entonces con él nos estuvimos asesorando y ese señor nos presentó al ingeniero Paco Rodríguez que es enólogo de Casa Madero y él fue el que nos dio la asesoría más completa, más con lo que estábamos leyendo y preguntando, así nos lanzamos a hacer el vino.

¿Cuáles son los retos y dificultades que han enfrentado en la vinícola Maravillas?

Lo que pasa es que el clima en García es totalmente diferente a donde estamos nosotros que es en el ejido Maravillas, puede estar lloviendo en García y en el ejido no, y lo que le encanta a la vid es tener mucho estrés hídrico, es decir poca agua controlada, el viento y el sol, entonces ahí los aspectos son maravillosos.

No hemos crecido tanto, solo son tres hectáreas porque siempre es así como bien cuidado, analizando si se puede crecer más o no, y siempre ha sido con cautela. De hecho, hace dos años tuvimos nuestra primera enfermedad en todo el viñedo, pero se ha ido controlando y vamos ahí creciendo, creo que esas han sido un poquito las dificultades y retos.

¿Qué vinos preparan, qué etiquetas manejan?
Las etiquetas del vino que se crea en Maravillas representa a la familia.

Nosotros manejamos 5 etiquetas, una de ellas es un cabernet, casi la mayoría es cabernet, el cabernet que manejamos se llama Don Ramiro, es un vino dulcecito, para la gente que va empezando en el vino. Cada etiqueta es un integrante de la familia, entonces eso es totalmente mi papá, una persona accesible y feliz.

Tenemos el Rojo, que es una combinación de un rosado y un tinto, el rosado es un cabernet y el otro es una rosa de Perú, la rosa de Perú es el que tenía el tío abuelo que vivía al lado de nosotros.

De ahí tenemos el Aguijón Shiraz, ese tiene un poquito más de acidez, es más seco y de ahí sigue el Elixir de la Vida, que es totalmente mi mamá, si llegas al viñedo mi mamá te recibe con una jarra de té de sus plantas y ese vino tiene romero, pétalos de rosa, verbena, es bien herbal. Y también tenemos nuestro primer vino de reserva.

¿Cuántos litros producen anualmente en la vinícola?

Más o menos unas 5 mil botellas.

¿Cómo han recibido el vino de Maravillas quienes lo prueban?

Aquí en lo regional es complicado porque la gente está acostumbrada más a tomar cerveza, pero la mayoría de nuestras ventas son en la República, vamos a los festivales de vino y nos va muy bien en Puebla, en la Ciudad de México, la gente nos reconoce y nos dice que nos están esperando y es donde desplazamos más el vino.

Por ejemplo, en los festivales por lo regular los vinos de Baja California tienen mucha mineralidad, entonces siempre se sienten como un poco saladitos, y los vinos de Querétaro tienen mucha acidez por las condiciones del clima, y entonces vas al festival y sobresale muchísimo el de Maravillas.

¿Qué le dices a la gente que no se ha animado a probar un vino de Nuevo León?

Que la gente se anime, que tome una copa de vino de vez en cuando, que no se asuste. De hecho, estamos haciendo un Club de Vino en Monterrey, lo que hacemos es que vamos a diferentes restaurantes y tratamos de hacer el vino lo más pandillero posible y no nada más Maravillas, sino diferentes vinícolas.

La semana pasada hablamos con unas productoras de vino en Baja California, ellas vinieron, hicieron una cata y probamos el vino en un cafecito, pero por lo regular vamos a donde están las food trucks. Por ejemplo, es abrir una botella y que sea con una hamburguesa, con tacos, con té, con asado de puerco, algo que lo puedas usar más diario y tratar de quitar toda la formalidad al vino y hacerlo más tuyo y probarlo. Lo que hacemos es juntarnos cada 15 días, cada uno trae una botella de lo que encuentre de las pocas ofertas que llegan a Monterrey de vino o de lo que vas consiguiendo para hacer un paladar y hacer la cultura y que la gente le quite el miedo de “probé vino y sabe feo”.

¿Colaboran a que otras personas formen sus sembradíos?

Estando en varias ocasiones en el Museo de Historia los historiadores me dicen “Rosapola, es que Nuevo León si era tierra de sembradío”, hasta me han pasado así las litografías donde están en San Pedro o San Nicolás, estaba en las casas y estaban los sembradíos de uva, pero después de la historia de la corona, que no podía haber mejor vino en la Nueva España y así, fue como un cierre, pero las condiciones están en Nuevo León para que se haga.

Lo que hacemos es colaborar con la gente que compra sus parras o compra las uvas; nosotros de ahí estamos haciendo brotar de nuevo y nos encantaría que muchísimos más lugares tuvieran uva para hacer una senda turística o que la gente tuviera más cultura del vino. De hecho, de vez en cuando damos asesorías a los de la Uni, que están haciendo experimentación y hay otro señor en Allende que también está sacando significativas cosechas.

 

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