fbpx

Por Tirso Medellín Barquín

El reciente anuncio de cambios en la programación y la estructura de la radio cultural de Nuevo León ha generado, con razón, voces críticas y de alerta entre la ciudadanía. No son la mayoría de ellas, al contrario de lo que dice el gobernador Jaime Rodríguez, voces de “queja” ─aunque ya el mero tono con el que el gobernador se refiere hacia los ciudadanos debería alentar la queja que él mismo busca acallar─. Al contrario, son voces de ciudadanos que se preocupan por su entorno cultural, son las voces de aquellos que se sienten no sólo afectados, sino dañados por una decisión que, hasta el momento, hace gala de arbitrariedad, dogmatismo e imposición.

En lugar de aceptar la propia responsabilidad por la estrategia equivocada que ha seguido su gobierno al intentar imponer esta reestructuración de la radio pública de Nuevo León, sin informar abiertamente a la ciudadanía ni a los mismos empleados y funcionarios del gobierno sobre los detalles del proyecto, Jaime Rodríguez ha optado por arremeter contra los inconformes mediante expresiones ofensivas e indignas de su investidura. Dice: “Y a la comunidad esa que se queja sin preguntar, aquí estoy, pueden preguntarme y quitarse las dudas”.

La ciudadanía no tendría que preguntar, antes, el gobierno debió de haber transparentado y hecho público el nuevo proyecto e, incluso, debió de haberlo construido mediante mecanismos ciudadanos deliberativos y democráticos en los que participaran los interesados. Pero, en vez de ello, el gobernador impone un proyecto sorpresivo y desconocido para la mayoría, incluso para los mismos funcionarios del gobierno y locutores de Radio Nuevo León, un proyecto que además de salir a la luz de una manera que genera sospechas, justifica con los argumentos más pobres por su contenido y su expresión.

A pesar de que el gobernador ya ha mostrado no ser un digno interlocutor de una ciudadanía interesada y afectada, en parte porque cree que criticar es contrario de saber escuchar, creemos que es buen momento para tomarle la palabra. Puesto que preguntamos y escuchamos, no para conformarnos con sus respuestas, sino para siempre ejercer la crítica cuando sea necesario, exigimos una respuesta a las siguientes preguntas:

Dice Jaime Rodríguez: “la queremos hacer cultural para todos y no solo para un segrmento [sic.] de la población.” ¿Qué quiere decir “para todos”? Aunque la vocación de la radio pública es la pluralidad y la diversidad, decir que es para todos es una mera expresión que no significa nada en un proyecto institucional serio.

“También queremos a través de ella informarle a todos uds [sic.] de las acciones educativas y culturales.” ¿De qué acciones educativas y culturales hablan? ¿Acaso Opus 102.1 no cumplía ya con esta función?

Continúa: “cambiaremos totalmente la programación para que más gente la escuche. La cultura es para todos los ciudadanos de Nuevo León no sólo para unos cuantos”. ¿Cuánto es más gente? ¿Cuántos escuchaban Opus 102.1? y ¿bajo qué criterio el rating de los programas de Opus es bajo?

El Estado no sólo tiene el deber de proteger o beneficiar a la mayoría, sino a todos, incluyendo a las minorías, pues en las condiciones de la oferta de la radio neolonesa el Estado también debe ocuparse de esos “cuantos” que aprecian la cultura que se difundía en Radio Nuevo León.

Por todo lo anterior, exigimos que se revierta el proyecto que busca refundir en el olvido la estación Opus 102.1; exigimos que se busquen otros medios para revitalizar esta estación que llegó a ser símbolo de la cultura en Nuevo León.

*Presidente de la Comunidad Filosófica Monterrey.

Este texto es un extracto del comunicado de que la COFIM dio a conocer el 1 de Agosto de este años y se reproduce con la autorización de esta organización.

 

¿Qué opinas?
Total
10
Compartidos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*