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Por Rogelio Bailléres y Jessica Rodríguez

La comunidad gay siempre ha sido percibida como un grupo social alterno con gustos específicos, generalmente relacionados a su orientación sexual y que destacan por ser un tanto distintos al resto de la sociedad.

En el pasado los LGBTTTIQ se distinguían por una elección más sofisticada y lejana al mainstreame que se ofrecía a las masas y es por ello que dentro de la comunidad queer nació el termino underground relacionado a las sub culturas y un enfoque definido de cómo divertirse e identificarse.

Antes, por ejemplo el visitar un bar gay representaba todo un ritual, desde averiguar donde se localizaba hasta saber que se tomaba un riesgo al ir y atender el residuo por temor a ser descubierto por alguien que nos pudiera perjudicar.

La música ahí era distinta al resto de los locales, celebrábamos a talentos como Divine, Bronski Beat y Dead or Alive. La vestimenta tenía un código donde ciertas prendas representaban una postura en cuestión a encuentros románticos, inclinaciones sociales o posturas políticas.

Nuestros talentos artísticos cargaban con una pesada agenda social, en la que muchas veces tuvieron que funcionar como trasgresores para promover mensajes en pro a la igualdad de derechos y la libertad de expresión.

Actualmente, la comunidad gay ha sido normalizada bajo una especie de pseudo-aceptación social, que realmente se reduce al modesto protagonismo mediático que se nos brinda.

Y el problema es que la normalización no es sinónimo de la aceptación, mucho menos de respeto. Normalizar significa moldear un cuerpo social para que ese se acate a las expectativas sociales comunes que rigen al resto, y en ese ejercicio hemos perdido identidad.

Pasamos de ser una tribu rebelde, pensante y emprendedora a caminar con el resto y en gran parte, parece ser el resultado de un plan maestro orquestado por poderes ocultos quienes obtienen un gran beneficio al tranquilizar un sector que solía ser percibido como peligroso ante la promoción de ideas e iniciativas que se manifestaban en pro a la libertad de vivir la autenticidad de cada individuo, forjando en su espíritu ingobernable la capacidad de crear su propia realidad independientemente de las reglas sociales establecidas.

Ser gay definitivamente es ser diferente, pero eso no tiene nada de malo, ¿Cuándo y porque pasamos a ser parte de la normalidad? Lo normal nunca te lleva a nada…

 

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