Un periodismo soberbio implica el riesgo de incentivar aún más la violencia

Un periodismo soberbio implica el riesgo de incentivar aún más la violencia

Por Luis Roberto Castrillón/ #ElEditordelaSemana *

El periodismo en México debe evitar el riesgo de convertirse en un elemento más que justifique o perpetúe la violencia contra las mujeres y el resto de lo sectores sociales más desprotegidos.

Lo ocurrido en las primeras semanas de este agosto de 2019 requiere de una severa reflexión entre quienes ejercemos el periodismo en México sobre la manera en la que hemos construido una narrativa que constantemente vulnera los derechos humanos y desprotege a quienes más lo necesitan.

Esa reflexión impone revisar, por lo menos en un primer acercamiento, cómo se manejaron las filtraciones hechas sin consideración alguna ante lo humano y lo legal -en ese orden de prioridades- sobre la denuncia de violación interpuesta por una menor y su familia en la alcaldía de Azcapotzalco, Ciudad de México, así como la cobertura de la marcha de mujeres que reclamaron terminar la violencia a la que viven expuestas.

Es cierto que los datos importan, que las revelaciones sobre hechos que nos afectan como sociedad deben de ponerse ante el escrutinio público y sumar al debate abierto.

Pero no hay datos sin contexto, y en ello está en lo humano. El periodismo, como herramienta de uso social, como instrumento de la narrativa de lo humano no puede sustraerse de ponderar siempre las consecuencias de cada publicación hecha. No puede encerrarse en el mito de la objetividad para justificar sus excesos.

Es imposible que en un acto de soberbia ignore los marcos legales que protegen a las víctimas, el devenir histórico que permita visibilizar mejor las causas de un reclamo o cómo mínimo los protocolos para la cobertura de violencia, procesos judiciales y manifestaciones en el espacio público que tanto garantizan el derecho quienes reclaman, como la propia seguridad para periodistas.

Como evidencia reciente, la narrativa de algunos medios acerca de los hechos mencionados, la denuncia y la marcha, son apenas una muestra de una constante: el uso de la información en una agenda donde los derechos llegan a pasar a un segundo nivel, o ni siquiera se toman en cuenta, en la ponderación informativa de lo ocurrido.

Exponen de nuevo una narrativa centrada en elementos que desdeñan las causas de ambos fenómenos y las señalan como justificaciones descontextualizadas que en lugar de incentivar la reflexión social terminan por corromper el mensaje de quienes reclaman y generar animadversión hacia el llamado de atención.

Esta forma de interpretar y presentar los hechos llega incluso a culpar y hacer responsables a las víctimas de la violencia a la que han sido sometidas, o a deslegitimar un reclamo social, lo que contribuye a la normalización de esa violencia y por ende a perpetuarla.

Y es así como los secuestros, las violaciones a mujeres y niños, los feminicidios y las desapariciones de chicas y chicos se van convirtiendo en una especie de cotidianeidad que estamos asimilando como hechos cuya responsabilidad es de ellas o ellos mismos: por andar en la calle a tal o cual hora, por estar en tal o cual, lugar, por vestirse o actuar de tal o cual forma. El contexto como desdén y no como base para una mínima empatía social.

En consecuencia, la propia deontología del periodismo termina también siendo violentada y soslayada.

Como resultado de ello, el periodismo, en lugar de aportar en la construcción de ciudadanía y a generar información que permita la toma decisiones razonadas por el bien común, pierde validez y se convierte en obstáculo más que en instrumento.

Frente a los hechos, es necesario reiterarlo sin importar a quien o quienes incomode: no es posible seguir ejerciendo un periodismo que desdeñe lo humano y que crea vulgar y erróneamente estar por encima de los derechos y las leyes que están para, al menos intentar, garantizarlos.

 *Luis Roberto Castrillón (@LRCastrillon) es periodista, docente de Periodismo, Redacción, Narrativa Multimedia, y Comunicación Oral y Escrita. Cuenta con más de dos décadas de experiencia en medios. Creador del portal #ElEditorDeLaSemana para combatir las noticias falsas.

 

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