Ahora, más que nunca, apostemos por ciudades más densas

Ahora, más que nunca, apostemos por ciudades más densas

ÁGORA

Por Juan Alayo*

México es un país muy urbanizado, con más de un 80 % de la población viviendo en zonas urbanas. Pero la mayor parte de su tejido urbano es relativamente reciente, debido a un modelo de desarrollo urbano en baja densidad.

Según datos de un estudio publicado por la entonces Secretaría de Desarrollo Social federal, en solo 30 años las 33 áreas metropolitanas más grandes en 2010 crecieron en población un 92% desde 1980, pero su superficie se multiplicó por 5.6.

Las consecuencias de tal extensión y baja densidad (congestión, polución, exceso de infraestructuras…) han generado un debate en los últimos años sobre la conveniencia de un modelo de desarrollo urbano más compacto y denso, que mejore la calidad de vida de sus habitantes.

Baste decir que México es el país del mundo en el que las familias gastan un mayor porcentaje de su presupuesto en movilidad: en 2017 supuso el 19 % de todo el gasto (12.1 % del PIB), más que en vivienda y sus servicios.

Pero la pandemia ha irrumpido dramáticamente en este debate.

La densidad urbana ha sido señalada como uno de los mayores riesgos y causas de la rápida expansión de la enfermedad, dando por supuesto que, a mayor concentración de gente, mayor facilidad de transmisión del virus.

En las circunstancias, parece temerario seguir defendiendo densificar las ciudades, pero hay mucho en juego, y es por ello que se hace necesario investigar en más detalle si la relación es realmente tan obvia.

Para ello, el caso de Nueva York es interesante, siendo una de las ciudades más impactadas y con una reputación de ciudad densa.

En un análisis sobre el impacto del COVID-19 en los distintos barrios, al comparar gráficamente la tasa de contagios con el nivel de ingresos económicos, se puede apreciar que:

  • Distritos postales con una mediana de ingresos menor de $50,000 presentan, mayoritariamente, tasas de infección entre 1,500 y 4,000 por cada 100,000 habitantes.
  • Pero, cuando la mediana de ingresos supera los $60,000, casi ningún distrito postal supera los 1,500. La mayoría se encuentran entre 500 y 1,500, y la mayoría se ubican en Manhattan, la zona más densa de la ciudad.

Otro análisis confirma este último punto: las tasas de contagio en Manhattan, que aglutina los distritos más densos y la mayoría de los más ricos, son de las más bajas de toda la ciudad.

El Bronx, mucho más pobre y menos denso, tiene tasas mucho más altas.

Los datos dejan claro que el problema no es necesariamente la densidad urbana, y apuntan a la pobreza y marginación como factores mucho más relevantes (véase estas comparativas entre Nueva York y Detroit, aquí y aquí, con una mortalidad muy superior en Detroit a pesar de una mucho menor densidad).

Y esto es importante, porque las ciudades más densas son más productivas, generan más interacciones y oportunidades para sus ciudadanos y con ello un mayor desarrollo del capital humano y riqueza.

También causan un menor impacto ambiental (utilizan menos suelos, generan menos movilidad y son más eficientes energéticamente) y cuestan menos de mantener (con menos infraestructura per cápita), haciendo un uso mucho más eficiente de los escasos recursos públicos.

Un México futuro con urbes aún más extensas y de menor densidad sería más pobre que uno con ciudades más densas y compactas.

Y, a la postre, la falta de recursos hace a un país más vulnerable a las pandemias y a muchas otras crisis.


ÁGORA es un espacio de reflexión del Consejo Nuevo León

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Arquitecto urbanista con amplia experiencia internacional en la planificación urbana y de sistemas de transporte, así como en la gestión de proyectos de regeneración urbana. Desde 2005 y hasta 2013 fue director de Planificación y Desarrollo de Actuaciones de Bilbao Ría 2000, responsable de las actuaciones más significativas en la transformación urbana de Bilbao, España.

 

 

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