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Por Deyra Guerrero

En plena época de fiestas por la Independencia de México es muy común hablar de que los nacidos en este país somos producto de la mezcla de tres razas durante la conquista y colonización: españoles, indios y negros, pero según especialistas no hay nada más lejano de la realidad.

El historiador Arno Burkholder (2010) hace referencia, en un artículo de su blog personal “Clionáutica”, a los argumentos de Juan Pedro Viqueira (2010) sobre que tenemos que desechar una palabra que durante mucho tiempo hemos usado de forma errónea: raza, pues lo que existe es una especie humana, formada por miembros con características fenotípicas diversas, como los distintos tonos de color de la piel, ojos, tipo de cabello, entre muchos otras.

Aunque la biología y en general las ciencias han comprobado desde hace mucho tiempo esa premisa, se siguen teniendo ideas de siglos anteriores, por ejemplo las que se arrastran en México desde el Virreinato respecto al mestizaje.

Viqueira (2010) detalla que los “españoles” son resultado de una gran amalgama de distintas culturas, como los iberos, los celtas, los griegos, los romanos, los norafricanos y los europeos del norte, a lo que habría que sumar la influencia cultural del cristianismo, judaísmo e islam.

Además, aunque los europeos calificaron a todos los habitantes del continente americano como “indios”, la verdad es que estos últimos consideraban que forman parte de culturas diferentes, por lo que un maya jamás se catalogó como azteca, por mencionar un ejemplo. Con los africanos ocurrió lo mismo.

Por si fuera poco, en la época colonial sí había castas, pero éstas no eran tan rígidas ni dependían únicamente del color de la piel o de la posición económica, sino que de la división social se determinaba por múltiples factores y no duró durante todo el Virreinato.

Burkholder coincide con Viqueira (2010) en que entonces en la conquista entre 1519 y 1521 y después, en el territorio que hoy es México, no hubo “indios” ni “españoles”, sino mexicas, mayas, chichimecas, tlaxcaltecas y varios más que se enfrentaron con una organización militar, política, religiosa e ideológica formada por extremeños, vascos, catalanes, asturianos, gallegos y muchos otros. Existió también una amplia variedad de africanos.

Es por ello que no surgió una descendencia mestiza homogénea, sino una diversidad genética de mexicanos y muchas de sus expresiones fenotípicas, lo cual se puede comprobar simplemente al salir al calle y observar las incontables modalidades de físicos de todos los compatriotas.

“Nuestro racismo -finaliza Viqueira- está concentrado en dos tipos de individuos: los indígenas y los morenos. Nuestros prejuicios nos hacen creer que lo blanco es mejor, sin darnos cuenta de que la raza mexicana no existe; lo que tenemos es una historia mexicana muy compleja y al mismo tiempo muy rica”, indica Burkholder (2010).

Este México debería darse cuenta de que su herencia cultural es enorme, y que en ella están las herramientas para crearnos un futuro mejor, siempre y cuando dejemos de lado nuestros prejuicios; una labor nada sencilla, por cierto, concluye el historiador.

¿Quieres los artículos originales completos? Da click en los siguientes enlaces.

“El mito de la raza mexicana”. Arno Burkholder, 2010. Blog Clionáutica.

“Reflexiones contra la noción histórica de mestizaje”. Juan Pedro Viqueira, 2010. Revista Nexos.

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