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“El Mijis” y el barrio que lo respalda
Pablo García*

Pues no llega, dice que el taxi no encuentra la dirección.. No, sí, ahí viene…¡Chíflale que no nos vió! El que llega tarde es Pedro Carrizales, así le puso su mamá pero en su barrio le pusieron “Bebé” y después “Mijo” o “Mijis” p’os porque así es la raza cuando se es chaparrito. Lo veo bajar del taxi rosa junto a su mujer, su hijo y su compadre, porque es de esos mexicanos que no viajan solos.

Mientras esperábamos pensé en decirle que mejor se subiera a un Uber porque esos no se pierden pero hasta en eso se nos nota la clase media, desde nuestro privilegio ya no tomamos taxis “de la calle”. Tal vez sea un prejuicio menor pero tiene las mismas raíces de los que hicieron que gente que nos suele parecer razonable le insultara de manera desmedida en redes sociales por su origen, por su color de piel, por sus tatuajes, por sus supuestos antecedentes.

Pero el que baja del taxi sonriendo no es el pandillero de camiseta y paliacate, ni el chavo que al borde de las lágrimas dice que no quiere ser mártir después de constantes agresiones policíacas por su campaña. O sea, sí es, pero también es el que creó una asociación civil para acompañar a los “chavos banda” y escuchar sus necesidades, ofrecerles ayuda para conseguir trabajo porque sabe que se siente que te discriminen por tus tatuajes o por la dirección de tu INE, también es el que recorrió 10 estados en bicicleta poniéndose en contacto con las organizaciones sociales de cada ciudad (y tomarse una foto con Celso Piña, porque en San Huicho se escucha la cumbia).

Con la manga larga no se notan sus tatuajes, pero habla como del barrio, y no pretende nada más, después de meses de campañas es refrescante entrevistar a alguien que no tenga el tono estudiado de quien da un discurso que ha dado cien veces. El “Mijis” vino a la Ciudad de México porque le han pedido varias entrevistas y para conocer al “jefe” Obrador.

Parece que el entrevistado soy yo porque me pregunta que cómo lo veo: “Pos no ha descansado y nos trae en friega”. Se sonríe satisfecho, contento de escucharlo “¿Y Tatiana? ¿Dónde puedo encontrar a Tatiana?” No se da cuenta que él ya entró a esa categoría de los políticos famosos que admira. Pesan las agresiones y el clasismo en redes, porque a mucha gente le asusta que un diputado sea pandillero aunque no les asusta que haya gobernadores como los Moreira, Duarte o Borge.

No le gusta que lo describan como “Mijis el ex-pandillero”, se ríe diciendo que una vez fue y siempre lo será. Dice ¿cómo vas a hacer algo sin preguntarle a los chavos? ¿Cómo representar a la gente si vives detrás de un escritorio? ¿Cómo representar al pueblo si tienes la cartera bien llena? Tiene soltura con la entrevista y sobre todo se ve que se ha acostumbrado a la cámara. Lo que no cambia a pesar de la camisa de manga larga que oculta los brazos tatuados es la franqueza del barrio.

Los que lo acompañan son su familia y con ellos le da gusto platicar durante la entrevista ¿Qué quieren comer? Le señalamos la fonda más cercana, la comida de oficinista de 45 pesos. Vénganse… pero no es de esos diputados que paga la cuenta de la prensa, cada quien lo suyo mientras hablamos de cómo se conocieron los compadres y nos cuenta de sus otros dos hijos.

En la Constitución se planteó que los diputados deben representar al pueblo, en el camino alguien nos hizo creer que los diputados deben usar traje y de preferencia ser blancos y ser hijos y nietos de otros diputados. Que Pedro haya ganado la diputación del distrito 8° de San Luis Potosí se siente bien, alguien a quién le gusta trabajar por su comunidad ahora tendrá más herramientas para hacerlo.

“Yo lo que quiero es ser un ejemplo” dice “que hayan muchos ‘Mijis’ que quieran representar a su gente”. Después pide una selfie con el equipo de noticias, todos en bola, aprovecha para señalar a su amigo: “míralo, cómo para las trompas pa’ las selfies… ¡Ah, qué coqueto!” y reírse a carcajadas, como se ríe cualquiera en la esquina de su barrio.

*Pablo García es un reportero de esos de fina estampa, de barrio fino y en sus pocos tiempos libres, presume a los cuates de la cantina su Premio Nacional de Periodismo.
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