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Por Sandra Lorenzano*

(Mensaje durante la instalación de 60 esculturas del signo de Venus, que asemejan una cruz, en el Parque de la Luz de la Ciudad de México, para conmemorar el Día Internacional de la Mujer).

La cultura tiene mucho qué hacer y qué decir, qué duda cabe, en términos de sensibilización y de transformación de nuestras sociedades, por eso es tan importante para quienes formamos parte de Cultura UNAM, estar presentes en este reclamo ético que convoca a Venus como símbolo de solidaridad, de denuncia y de protección.

Ser mujer en México es más peligroso que en otros lugares del mundo, aquí la violencia deja su marca desde hace años sobre los cuerpos femeninos, cuerpos desechables, cuerpos prescindibles para el aparato productivo, cuerpos borrables del imaginario social, cuerpos disponibles para los ”más hombres”.

¿Qué es finalmente una mujer?, ¿Qué es una mujer que además es pobre?, ¿Qué es sino un territorio para que el poder disponga de él a su antojo? Ser mujer en México es más peligroso que en otros lugares del mundo: 26 mil asesinadas en los últimos 10 años, cuerpos desechables, cuerpos prescindibles, cuerpos borrables, algunas son apenas niñas, adolescentes.

Las víctimas de injusticia, de complicidad y silencio por parte de los poderosos las conocemos todos, los crímenes no se aclaran y como la impunidad genera más impunidad, continúan apareciendo cadáveres. La misoginia, llevada al más aterrador nivel de crueldad, se alimenta de cuerpos de mujeres.

Esta conmovedora, intervención, instalación (de las 60 esculturas)  le rinde homenaje a todas ellas. Es a la vez, memoria y resistencia, como el color morado, que pinta el Día de la Mujer. Seguramente ustedes recordarán que en 1908, 129 mujeres costureras, algo que nos resulta tan cercano a la Cuidad de México, las costureras como víctimas, murieron porque el dueño de la empresa no toleró la huelga y prendió fuego al lugar donde estaban. Se dice que la tela que estaban cociendo esas mujeres en ese momento era morada y que por eso sería morado el color del Día de la Mujer.

“Juárez, tan lleno de sol y desolado” se titula un libro de la poeta juarense Arminé Arjona. Yo digo que cada una de las cruces de esta instalación busca -como cada una de las palabras de la poeta juarense, como cada uno de los gestos de las madres y los padres de las asesinadas, como cada marcha que exige el fin de los crímenes, como cada recuerdo que se hace de las mujeres- no una muerta más, sino un ser vivo en la memoria de nuestra sociedad. Busca transformar la impunidad en justicia, la desolación en esperanza, por las que están, por las que ya no están, ¡ni una más!.

El feminicidio se entiende como la muerte de mujeres por razones de género y a nivel global las cifras son contundentes, pues entre 2010 y 2015 se registraron en promedio 64 mil mujeres y niñas asesinadas en el mundo.

Catorce de los 25 países con la mayor incidencia de este tipo de homicidio están en América Latina y el Caribe, y México no es la excepción, ya que, de acuerdo a un estudio reciente de Naciones Unidas (ONU), en 2016 les fue arrebatada la vida a 7.5 mujeres mexicanas cada día, en esta modalidad delictiva

En el periodo de 1985 a 2016 hubo 52,210 muertes de mujeres con presunción de haber sido asesinadas. Siete de cada 10 mexicanas manifiestan haber sido víctimas de violencia en algún momento.

ONU Mujeres en conjunto con el Gobierno de México y el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) conmemoraron el martes por adelantado el Día internacional de la Mujer con una instalación de 60 esculturas del signo de Venus, que dan la impresión de ser cruces, en el Parque de la Luz, en la capital del país.

*Sandra Lorenzano es escritora, investigadora y titular de la Unidad de Género de Difusión Cultural de la UNAM.
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