Nayib Bukele: poner seguridad sobre justicia

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Ladrando Claro

Por Pablo Pérez

Cuando se supo de la reelección de Nayib Bukele una persona me preguntó porqué muchos lo ven como algo malo: “siempre dicen que por la super cárcel y los presos que tiene ahí, muy preocupados por sus derechos humanos, pero ¿No son esos los mismos que asesinan gente?”.

Antes que nada, es imposible no comprender el voto del pueblo salvadoreño que confirmó el segundo periodo presidencial de Bukele, la gente está viviendo un momento de calma como no habían tenido en décadas.

La población siempre prefiere seguridad antes que justicia y está incluso dispuesta a soportar la impunidad si eso significa que los niños pueden ir tranquilos a la escuela o se puede caminar con tranquilidad por las calles.

Es ahí en donde, cómo el gran publicista que es Nayib Bukele, se afianza la popularidad del presidente, nadie puede negar que el cambio es notable en cada rincón de El Salvador.

Mucha gente piensa que si son pandilleros se lo merecen, porque todos tenemos miedo a ser asaltados, a que nos extorsionen en nuestro negocio o a que desaparezcan a nuestros hijos para reclutarlos de manera forzada.

Tristemente es algo que comprendemos muy bien todos en América Latina. El problema aquí (o más bien, allá) es que quien decide si son pandilleros es la policía y una declaración de un oficial es suficiente para que cualquier ciudadano termine en la cárcel sin el debido proceso.

Seamos francos, la policía a veces da el mismo miedo que los criminales.

Las violaciones a los derechos humanos de los presos no son toda la historia, tenemos que añadir que Bukele presionó con el ejército a los miembros del Congreso, cuando al fin se hizo del control de este lo utilizó para destituir a los jueces de la Suprema Corte y sustituirlos con magistrados afines a que llevaron a cabo la maniobra legal por la cual se logró la reelección, hasta entonces prohibida por la constitución.

A eso sumamos los más de 500,000 dólares que ha recibido una empresa de los hermanos Bukele de la partida secreta, la opacidad con la que se han manejado las inversiones públicas que en teoría (porque ni en eso hay transparencia oficial) han puesto mucho más de 100 millones de dólares de las reservas del Salvador en Bitcoin que podría haber perdido hasta el 37% de su valor, según expertos.

También hay que tomar en cuenta los índices de pobreza en constante aumento y la deuda pública más alta de los años recientes a partir de una magra recaudación fiscal, poca inversión internacional y, aquí está el detalle, un enorme gasto en seguridad.

Aún con todo esto la popularidad del presidente del Salvador es inmune a cualquier crítica, él mismo se llama en tono jocoso “el dictador más cool del mundo” en sus redes sociales porque sabe que el extraordinario cambio en la seguridad que viven los ciudadanos en su país le garantiza la aprobación casi incondicional de su electorado, e invierte en hacerle publicidad por todos los medios nacionales o internacionales.

Por eso casualmente “invita” (con cargo al erario) a que periodistas e influencers, desde El País hasta Luisito Comunica, entren al CECOT (Centro de Confinamiento del Terrorismo) y describan con lujo de morbosos detalles los duros castigos que se aplican a los miembros de las pandillas y la seguridad que hoy se respira en su país.

Es imposible criticar la decisión democrática de los votantes del Salvador, pero quedan ahí esos oscuros detalles que claro que merecen investigarse.

Hasta ahora la popularidad ganada con mano dura del presidente le ha alcanzado para ocultar todos esos episodios turbios pero también porque el pueblo realmente no quiere pan y circo, quiere seguridad y a cambio de ella está dispuesto a soportarlo todo, incluso la formación de una nueva casta delictiva….

En toda América Latina escuchamos a ciudadanos decir: “ojalá tuviéramos un Bukele acá”, pasando por alto que el mismo gobierno del Salvador aceptó haber metido a más de 6,000 inocentes a la cárcel en 2023 sin derecho a ver a su familia ni recibir asesoría legal.

Esa seguridad la necesitamos todos, pero vale la pena preguntarnos de verdad si solo con cárceles se logra la paz, que según Bukele parece que solo será perfecta hasta que todos estemos dentro de una celda.


Pablo Perez Verificado

Pablo Pérez (@paperjourno) es periodista y productor audiovisual, de niño quería ser parte de la tripulación del Capitán Cousteau. Estudió Ingeniería Bioquímica, es ganador de un Premio Nacional de Periodismo que lo usa como tope de puerta, es contador de historias y muy crítico de narrativas engañosas.

 

Imagen: Anne Fehres & Luke Conroy / Better Images of AI / Data is a Mirror of Us / CC-BY 4.0 / Intervenida con Canva

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