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Votemos con los ojos abiertos
Cordelia Rizzo*

Siento un cansancio acumulado. Para mí 2018 implica seis años después de muchas cosas. Me mido con la que fui, y con el mundo que habitamos en las pasadas elecciones presidenciales. Este impasse no debe vulnerarnos de nuevo y de la misma manera. Veamos más allá de las opciones que tratan de ser legítimas. En una segunda mirada se puede identificar que las trayectorias de las personas que buscan nuestro voto no pautan beneficios sustanciales, ni voluntad de cambio, desde donde plantean ejercer su poder.

En un contexto de hartazgo general se nos ofrecen opciones electorales que prometen ser la sal de nuestra existencia, el salvador del país o una gama de políticxs antisistema que sí empatizan con nuestra digna rabia. Desde que se empezaron a preparar las elecciones, vimos desfilar a Emilio Álvarez Icaza, al Bronco y a las opciones locales de Movimiento Ciudadano como Samuel García, Indira Kempis, Luis Donaldo Colosio y Agustín Basave.

Sobra decir que ninguna de estas opciones me convence. Más que ser opciones anti-sistema o que se diferencien de las prácticas actuales, este tipo de nuevos cuadros buscan administrar el vacío de poder. Este vacío principalmente es de legitimidad. Por ende lxs retadorxs se ostentan principalmente como merecedores de ese espacio. Ellxs lo hacen desde su carácter, porque sus acciones hablan distinto y además son pocas. Ellxs ofrecen un discurso prometiendo ser intachables e incluyentes, desde un idealismo con marcado sesgo machista y blanco. Se suben al sueño del tierno padre que retorna para ahora sí amar a su progenie.

Aún cuando el sabor del mes electoral sea pronunciarse a favor de la igualdad entre hombres y mujeres, en todos sus performances de poder se muestran negadxs a escuchar los saberes considerados “de mujeres”. Este apartado requiere un abordaje aparte por sí solo.

Lxs electorxs no somos novatxs. Sin embargo, el golpeteo sistemático de los medios tradicionales y los cambios en formatos y dispositivos de poder afecta la digestión del escenario electoral. Más allá de la manifestación de afinidades y rechazos, cambió la forma en la que nos llegan los mensajes. Ahora tenemos una estrategia que privilegia lo anecdótico-personal por encima de las promesas de campaña. Un dispositivo de videos de redes encubiertos para invitar a votar por ___. Instagram. Las propuestas a su vez surgen como cascada de promesas vacías, igual que la campaña presidencial de Peña Nieto de amplia compromicitis. Después tenemos a candidatos satélite como al Bronco con la radicalización de su rol como bufón de la corte del poder.

Si has leído hasta este punto, que nada nos nuble. Que la decisión sea lo más clara posible, no sólo por lo que viene, sino por lo que sigue de la llegada a los puestos de estas personas. Ignacio Martín-Baró, uno de los jesuitas acribillados durante la guerra civil salvadoreña, invitaba a ver el voto como una forma de jugar en la arena política. Para él no simplemente era como la expresión de una preferencia por la persona a la que se votaba, porque de ser así parecería que El Salvador era un país de masoquismo puro. La elección del Bronco nos mostró esto cuando se le retiró el apoyo popular en la medida que no generaba impactos y minimizaba la voz ciudadana con su discurso autoritario y misógino.

Votar con los ojos abiertos nos permite aprender políticamente. El equipo de Wikipolítica con su candidata a Diputada Local por el Distrito 6, Alejandra del Toro, apuestan por una candidatura que nos enseñe a entender mejor este complejo sistema. Ganaremos poco, pero será algo nuestro. Por nuestro quiero decir algo que sea apropiable por cualquier ciudadanx.

Nuestra actividad política no termina con la elección, y tampoco la obvia, pero lo único cierto -y nuestro- es la necesidad de ejercer una ciudadanía mucho más plena que la que nos toca. Aprendamos de nuestro miedo, las heridas y todo lo que parece que no es parte de esta contienda, porque sí lo es. Dentro de las formas ‘civilizadas’ y las rabiosas se encuentran verdades que necesitan aflorar. Lxs candidatxs que se enfilan a la contienda con hambre de triunfo, en la medida de lo posible se dan a la tarea de conocernos lo suficiente, y nos mueven a ciertos estadios emocionales para tener nuestro voto. La emotividad está ahí, discutámosla.

No me preocupa el disenso ni las diferencias que se han marcado, a diferencia de la iniciativa de El Día Después. Tal vez escucho a un registro más al ras de piso, y lo que veo es algo que nace mientras se colapsan preceptos sobre lo que es correcto hacer políticamente. Disentir es derecho nuestro, y ningún imperativo de consenso lo debe coartar.

Obviamente esto no nos debe orillar a votar por lxs monstruxs de siempre. Sino a reinventar a las figuras que nos gustaría votar. Podemos siempre irlas motivando a salir del anonimato, o igual ser la persona a la que nos gustaría votar. Algo nos debe prender el cuete en la cola para que de modo generalizado soñemos de formas más propositivas.

No creo en una fuerza que surja de la falta de una conciencia plena de nuestros frentes vulnerables, ni en un ejercicio político que perpetúe esta cultura de violencia. Votemos con los ojos bien abiertos.

Cordelia Rizzo (@cordeliarizzo) es académica y activista. Estudiosa del performance político, cómplice de Nuestra Aparente Rendición y FUNDENL.
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