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Por Deyra Guerrero

El domingo comienzan las posadas y con ellas la etapa más fuerte de los festejos de diciembre por Navidad y Año Nuevo, relacionados gran parte con el nacimiento de Jesús, lo que nos haría pensar que las celebraciones de esta temporada iniciaron en el país con el arribo de los españoles y la religión católica al territorio nacional en el siglo XVI, pero no es así.

 

Antes de la Colonia, periodo comprendido del año 1521 a 1821, los aztecas conmemoraban durante el mes de Panquetzaliztli, equivalente al mes de diciembre, la llegada de Huitzilopochtli, dios de la guerra. Estas solemnes fiestas comenzaban el día seis y duraban 20 días, en los cuales coronaban a su dios poniendo banderas en los árboles frutales y estandartes en el templo principal, por lo que a esta tradición se le conocía con el nombre de “levantamiento de banderas”.

En espera del solsticio de invierno, el pueblo se congregaba en los patios de los templos. El día 24 por la noche y durante el transcurso del 25 había festejos en todas las viviendas, en los cuales se ofrecía comida a los invitados y unas estatuas pequeñas de pasta llamadas “tzoatl”, detalla un artículo de National Geographic.

 

Ya con la llegada de los españoles los religiosos encargados de la evangelización sustituyeron el culto al dios de la guerra por la práctica europea de preparación para la Navidad, es decir las posadas, que en principio se les llamó “Misas de Aguinaldo”, detalla el antropólogo Fernando Híjar.

Desde entonces este tipo de celebraciones se llevaban a cabo del 16 al 24 de diciembre en los atrios de las iglesias y conventos, consistiendo en proclamar la misa junto con pasajes y representaciones alusivas a la Navidad; de forma adicional se daban pequeños obsequios a los asistentes, conocidos como aguinaldos.

Con el paso del tiempo el mismo pueblo fue incorporando elementos más atractivos a estos festejos, como velas, luces de bengala y piñatas, hasta adoptar las verbenas en sus barrios y casas. Esta transición del templo a las calles fue permitida por la iglesia católica con el objetivo de que estas festividades tuvieran una mayor difusión entre los habitantes, por lo que se transformaron con la cultura de cada región de la República Mexicana.

Así, en las posadas actuales, los invitados divididos en dos grupos representan, entonando una letanía, la solicitud de alojamiento que realizaron San José y la Virgen María en su peregrinar de la ciudad de Nazaret en camino a Belén. Sin embargo, es común que hoy se les dé el mismo nombre a reuniones sociales que, más allá del ingrediente espiritual, son convivencias en las que predominan la música, la comida, los regalos, y en ocasiones bebidas “espirituosas”.

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